LeonOcular: «El día del eclipse protege tu vista más que nunca»
El doctor Carlos Plaza explica los riesgos de mirar al Sol sin protección homologada

El doctor Carlos Plaza, oftalmólogo de la Clínica LeonOcular.
León será uno de los lugares privilegiados para contemplar el eclipse total de Sol, el primero visible desde la Península Ibérica en 114 años. La provincia estará dentro de la franja de totalidad y el fenómeno se producirá al atardecer. El doctor Carlos Plaza, oftalmólogo de la Clínica LeonOcular y especialista en retina y mácula, explica cómo disfrutar de esta cita histórica sin poner en riesgo la visión.
—¿Por qué este eclipse será tan especial para León?
—Porque León, como dices, estará dentro de la llamada franja de totalidad y, según el punto exacto, podremos ver el sol completamente oculto durante alrededor de un minuto y medio. Además, ocurrirá al atardecer, con el sol muy bajo. La idea no es generar miedo, sino disfrutarlo con la protección adecuada.
—¿Cuál es el principal riesgo para los ojos?
—Mirar directamente al Sol sin un filtro específico puede producir una lesión permanente en la retina. No hablamos de una irritación de la superficie ocular. La estructura que más nos preocupa es la mácula, la zona central de la retina con la que leemos, conducimos, distinguimos detalles y reconocemos caras. El ojo funciona como una lente muy potente y concentra la luz sobre la fóvea, una región de apenas 1,5 milímetros responsable de nuestra visión más precisa. Esa exposición provoca un daño fotoquímico en los fotorreceptores y el epitelio pigmentario, aunque también puede existir un componente térmico.
—¿Este daño puede provocar dolor?
—No, y ahí está el problema. La retina no tiene sensibilidad dolorosa. Podemos estar dañando la mácula sin notar escozor ni ninguna señal que nos obligue a apartar la mirada. Cuando aparecen los síntomas, la lesión ya se ha producido. En determinadas circunstancias, unos pocos segundos de exposición pueden ser suficientes. No merece la pena asumir ese riesgo.
—¿Hay personas más vulnerables que otras?
—No existe un ojo inmune al sol. Puede lesionarse una persona joven, una mayor, alguien miope, con cataratas, operado o con una visión excelente. La recomendación es idéntica para todos: jamás mirar directamente sin protección específica.
—¿Sirven unas gafas de sol muy oscuras?
—No. Ni siquiera las más caras, las polarizadas o las de categoría 4. Reducen el deslumbramiento, pero no están diseñadas para observar directamente el disco solar y pueden crear una falsa sensación de seguridad. Para el eclipse deben utilizarse visores que cumplan la norma ISO 12312-2. No basta con que ponga “solar” o con que el cristal sea muy oscuro. Hay que adquirirlos en un lugar fiable y comprobar que no tengan arañazos o perforaciones. Tampoco sirven radiografías, cristales ahumados, negativos ni otros filtros caseros. Algunos materiales reducen la luz visible, pero permiten el paso de radiaciones capaces de dañar la retina.
—¿Cómo deben usarse si llevamos gafas graduadas o lentillas?
—Las gafas homologadas se colocan por encima de las graduadas. Si se utilizan lentillas, se emplean exactamente igual, cubriendo ambos ojos. Es aconsejable ponerse el visor antes de levantar la cabeza hacia el sol y apartar la mirada antes de quitárselo. No hace falta observar durante minutos seguidos. Lo razonable es mirar unos segundos, descansar y volver después. No existe un tiempo universalmente seguro porque intervienen varios factores individuales.
—¿Podrán quitarse durante la totalidad del eclipse?
—A pesar de que pueda haber momentos en los que el peligro sea algo menor, la recomendación es no quitar las gafas nunca. El eclipse puede resultar engañoso porque, al quedar parcialmente oculto el Sol, cuando se forma el llamado anillo de diamante, disminuye el deslumbramiento y resulta más fácil mantener la mirada. De hecho, como curiosidad, en esas condiciones, si la pupila llega a dilatarse unos 7 milimetros, el aumento de la temperatura foveal es en torno a 22 ºC, muy por encima del umbral de fotocoagulacion de 10 ºC.

Prueba diagnóstica en la que se ve el daño en la mácula.
—¿Qué precauciones deben tenerse con niños y cámaras?
—Los niños pueden disfrutarlo igual que los adultos, pero siempre supervisados. Pueden quitarse el visor por curiosidad o no comprender bien el riesgo. Si no pueden seguir las instrucciones, es preferible utilizar métodos de observación indirecta. Tampoco se debe mirar a través de prismáticos, telescopios, cámaras o teleobjetivos sin filtros solares específicos colocados en la parte frontal del aparato. Estos instrumentos concentran aún más la energía. El móvil tampoco protege el ojo y, al encuadrar, es fácil terminar mirando directamente.
—¿Qué síntomas pueden aparecer si se ha producido daño?
—Puede aparecer una mancha central, verse borrosa una cara o desaparecer algunas letras al leer. También pueden percibirse las líneas rectas onduladas, existir dificultad para tareas de precisión o alterarse los colores. Los síntomas pueden aparecer horas o incluso días después. Aunque sea pequeña, la lesión afecta al punto que utilizamos para las tareas más importantes. Ante cualquiera de estas alteraciones hay que acudir al oftalmólogo lo antes posible.
—¿Cómo se diagnostica y qué tratamiento tiene?
—La tomografía de coherencia óptica u OCT permite estudiar con precisión las capas centrales de la retina y detectar alteraciones en los fotorreceptores o en el epitelio pigmentario. La agudeza visual puede resultar engañosa: una persona puede conservar una visión aparentemente buena y tener un pequeño escotoma central, es decir, una mancha o pérdida localizada justo en el punto en el que fija la mirada. No existe un tratamiento capaz de regenerar las células retinianas destruidas. Algunos pacientes mejoran parcialmente con las semanas, pero otros mantienen secuelas permanentes. A diferencia de muchas enfermedades que aparecen con la edad, la retinopatía solar puede prevenirse por completo. Disfrutemos de este acontecimiento histórico para León, pero con protección homologada y sin improvisaciones.