León no seduce entre la decena de marcas chinas de coches que tienen proyectos en España
Los políticos han perdido apetencia por la automoción para desarrollar la provincia. Una decena de patentes de automóvil y baterías se van a instalar en la península

Un directivo de la china Geely en un evento en España.
Era otro tiempo, cuando a los políticos de León les seducían las línas de montaje de automóviles, la industria de automoción, el reto pendiente para la estrategia de desarrollo leonés desde que el concepto industria prendió en este territorio. Una fábrica de coches. Eran otros tiempos cuando diferentes localidades de la provincia competían entre sí por ver desde dónde se enviaba la carta más extensa, la más emotiva, a Elon Musk, antes de que lo demonizara una facción ideológica, y trataban de cortejar su voluntad para colocar en cualquiera de los eriales que definen aún el espacio industrial de esta tierra la gran factoría de autos eléctricos con la que iba a bendecir a Europa. Eran otros tiempos, con los que lo único que no cambió es la apetencia de los constructores con León. Ninguno entre casi una decena de proyectos adjudicados a España, en diseño y desarrollo, que tienen que ver con el impulso de factoría de automóviles o su división motriz, o cualquier línea derivada, baterías o fuente de energía, ha girado la vista a León.
España se consolida como el gran polo industrial del coche chino en Europa gracias a varios acuerdos estratégicos de fabricación y alianzas. Algunos de los Principales proyectos en marcha son los de Chery y Ebro (Barcelona), se han instalado en la antigua planta de Nissan en la Zona Franca de Barcelona. Ya ensamblan vehículos y prevén producir modelos de Ebro, Omoda y Jaecoo, con una meta de hasta 200.000 unidades anuales. Se cita en esa transición a la marca Geely que pondrá en circulación vehículos desde Valencia; Geely arrancará la producción de vehículos eléctricos en el 2028 utilizando instalaciones de la planta de Ford en Almussafes. Leapmotor y Stellantis se asocian para trabajar en Aragón; la marca china produce modelos de cero emisiones como el Leapmotor B10 en la factoría de Figueruelas. La llegada de Saic MG a la provincia de La Coruña refuerza el sector en Galicia, donde ya es referente por Vigo; esa marca china proyecta una planta de vehículos eléctricos en Ferrol con una inversión inicial de 200 millones de euros y vistas a operar hacia 2028. En Linares (Jaén) la histórica marca Santana reactiva su actividad industrial para fabricar vehículos pick-up híbridos y diésel con apoyo de socios chinos.
De forma paralela, se trabaja en lanzar factorías de gran magnitud de baterías: Destacan los proyectos vinculados a la cadena de valor del vehículo eléctrico, como las inversiones en Aragón en torno al polo de Zaragoza con participación de tecnología y personal chino. Se mueven otros proyectos en Valladolid, y en Extremadura, relacionados con el negocio de las baterías, para desmontar la tesis de que los fabricantes chinos prefieren zonas de costa para lanzar sus operaciones. El aluvión de vehículos que se cierne sobre la península ibérica no ha mejorado las probabilidades de que León resulte agraciada con un premio, una terminación o una pedrea al menos de este reparto de lotería industrial a modo de lluvia de millones, al menos de valor añadido para el entorno del asentamiento y su industria subsidiaria. Por alguna razón, los políticos leoneses han desistido de aquella querencia que salpicó ayuntamientos a finales de la pasada década, cuando la fiebre de Tesla hizo subir la temperatura por los proyectos del catálogo de ventas inspirado en el guión cinematográfico de Bienvenido Mister Marshall. En aquel recuento, fue Ponferrada la primera en hacer llegar sus muestras de interés por meter una factoría de coches entre el cinturón de óxido que dejó la estampida energética; era 2016, en un aperitivo de lo que vendía a la vuelta de ejercicio. Mociones y más mociones municipales, aprobadas con todas las bendiciones plenarias, y ahogadas luego en el desengaño de perderse al acabar la sesión.
Cistierna, Sabero, San Andrés del Rabanedo, León fueron el resto de ayuntamientos que llegaron a pasar por el filtro de la voluntad política del deseo de que Musk pusiera su ojo para los negocios en un paraje de estos contornos. Hasta plataformas sociales se subieron a la cresta de la ola por el reclamo de la marca Tesla, que luego terminó por ubicar esa parte extendida de su emporio en Alemania. Cartas al magnate, con exposición de motivos por los que acertaría de lleno en la elección de lanzar coches desde un punto abrasado por la crisis, la pobreza social y demográfica, la miseria económica. En un recuento posterior de opciones, resultó que las candidaturas de León, de toda la provincia de León, no tenían ni la más mínima opción de seducir a Elon Musk, tal y como se comprobó por la posición del empresario en las redes sociales; ninguna cuenta de entidades, instituciones o políticos leoneses estaba entre las cincuenta direcciones que seguía el dueño de Tesla. La diferencia con aquel tiempo, ocho años atrás, es que al menos se guardaron las formas del interés. De León por las fábricas; al revés, se mantiene idéntico a 2018.