Del refugio de su casa al botillo diario, la montaña y la jubilación
El presidente de la Diputación es partidario de buscar la fórmula de la gestión conjunta de San Isidro con Asturias.
—¿Cuál es su rincón secreto de la provincia donde sabe que nadie le va a pedir un favor político?
—Mi casa.
—Cuando sube al coche oficial tras un día duro en la Diputación, ¿qué suena en la radio?
—Música tranquila (por decir una cadena, Kiss FM).
—Si mañana le regalaran un fin de semana entero sin móvil ni agenda, ¿en qué lo invierte?
—En disfrutarlo con mi mujer.
—Para un berciano de pro, ¿el botillo se come todo el año o solo cuando aprieta el frío?
—Todo el año.
—Dígame un político del PP leonés con el que se iría gustosamente de cañas un viernes por la tarde.
—«Pasapalabra», por no perjudicar a esa persona si lo digo.
—¿Con quién del equipo de gobierno (PSOE o UPL) tiene un WhatsApp más activo?
—Con el diputado de Contratación.
—¿Cuál ha sido la confusión o el despiste más divertido que le ha pasado en algún pueblo?
—Confundirme con el nombre de algún pueblo (como Toral de los Guzmanes con Toral de los Vados), pero nada grave tipo «Viva Honduras».
—¿Le ha tocado alguna vez improvisar el colocarse una corbata o cambiarse de zapatos en la parte de atrás del coche?
—Cambiarme de zapatos no, colocarme la corbata sí, muchas veces.
—¿Playa o montaña?
—Montaña.
—¿Su libro favorito?
—El periodismo hecho jirones, de Joaquín Sánchez Torné.
—¿Aficiones?
—La música, pasear y disfrutar del deporte (en televisión o en directo).
—Y si dejara la política, ¿a qué le gustaría dedicarse?
—A la jubilación. El día que deje la política, me jubilo.