Diario de León

Infusiones: Cuando el cuerpo pide un té o una tila con sello propio

León se afianza como referente en el tostado, selección y envasado de cafés, tés e infusiones de primera calidad, donde la innovación se mezcla con el mimo artesanal

El consumo de infusiones ha crecido de manera importante en los últimos años. 

El consumo de infusiones ha crecido de manera importante en los últimos años. dl

Pilar Infiesta
León

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Si hay algo indiscutible en esta tierra es que el invierno leonés invita, casi por mandato casi divino, a buscar el calor de un buen tazón entre las manos. Cuando el cierzo aprieta en la montaña o la niebla se adueña de la Vega, pocos placeres superan a ese vapor aromático que brota de una infusión recién hecha. Y aunque León ha conquistado las mesas del mundo a base de cecina, queso, prieto picudo y mantecadas, hay un tesoro reconfortante que se cocina con igual dedicación entre nuestras fronteras: la producción local de tés e infusiones. En los últimos años, la cultura del bienestar y la búsqueda de productos naturales han hecho florecer este sector en la provincia. Lo que en origen parecía un monopolio de las multinacionales se ha transformado en León en una apuesta decidida por el detalle, la calidad de la materia prima y la sostenibilidad. Aquí no se trata solo de meter hierbas en una bolsita, sino de entender el arte del blend, el respeto por la botánica y el cariño por el cliente de toda la vida. Hablar de taza caliente y tradición en la provincia es nombrar a firmas que han sabido evolucionar sin perder su esencia. Cafés Salzillo o la emblemática Cafés Camali, con una presencia histórica e incontestable en la hostelería y los hogares leoneses, han ido ampliando sus catálogos tradicionales para abrazar una cuidada selección de tés e infusiones de alta gama. A ellos se suman proyectos enfocados en el concepto gourmet, empresas tostadoras y envasadoras locales que compiten cara a cara en los lineales, y la boyante Infusiones Susarón, en Otero de las Dueñas.

Mención especial merece el fenómeno de las tiendas especializadas y los obradores de mezcla de la capital y la provincia —como las referencias de venta al detalle en el Mercado del Conde Luna o locales de autor—, que formulan sus propias combinaciones: desde la clásica manzanilla con flor entera (nada de polvo de laboratorio) hasta infusiones de frutos rojos de nuestra montaña, menta poleo silvestre o mezclas especiadas diseñadas para acompañar una buena sobremesa.

El perfil del consumidor leonés ha cambiado. La infusión ya no es solo «esa agüita de manzanilla para cuando te duele la tripa». Hoy es un ritual diario. Se consume en el desayuno para arrancar con energía, como alternativa sin cafeína tras la comida en la terraza de la plaza Mayor, o como la pausa reconfortante antes de dormir.

El auge de la hostelería local, que cada vez cuida más la carta de tés ofreciendo pirámides biodegradables con hebra entera en lugar del sobre convencional, ha sido el gran escaparate para las marcas de la tierra. Los leoneses demandan trazabilidad, aromas limpios y, sobre todo, el orgullo de saber que lo que están saboreando se ha envasado, diseñado o distribuido desde sus propios polígonos e industrias agroalimentarias.

Las infusiones reclaman con justicia su sitio. Porque dar un trago a una taza bien afinada en León no solo calienta el cuerpo; reconforta el alma y recuerda que el verdadero lujo está en las cosas sencillas hechas con el cariño de la gente.

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