Ocho de cada 10 pacientes de León no acaba su menú y eleva el riesgo de desnutrición
Un estudio de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital de León e Ibioléon desvela que los enfermos dejan un 35% de comida por la inapetencia de su enfermedad.Piden medir la falta de apetito como un signo vital más en la recuperación hospitalaria

Los menús mejor valorados, como éste de Nochevieja, son los de dieta normal.
Servir un menú perfectamente equilibrado desde el punto de vista médico y calórico sirve de poco si la bandeja vuelve intacta a la cocina. Esta es la premisa clave de la que parte una pionera investigación desarrollada durante tres años consecutivos por especialistas del Complejo Asistencial Universitario de León (Caule) y del Instituto de Investigación Biosanitaria de León (Ibioleón).
El trabajo, liderado por la investigadora Pilar García Pérez —del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital leonés— junto a profesionales de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética, y publicado recientemente en la revista científica Endocrinología, Diabetes y Nutrición, pone la lupa en un enemigo silencioso pero devastador: la inapetencia del paciente hospitalizado.
El estudio evaluó la experiencia alimentaria de 301 enfermos ingresados en el centro hospitalario leonés entre los años 2022 y 2024. Y los resultados reflejan una paradoja llamativa. ya que, aunque el 80% aprueba el menú médico, solo el 18,5% lo apura. De modo que casi ocho de cada diez enfermos consideran adecuada la dieta prescrita para su patología, pero apenas dos de cada diez logran comerse la totalidad de la comida que le ofrecen.
En promedio, los pacientes consumen únicamente el 65% del plato y dejan más de un tercio de los nutrientes en la bandeja.
La inapetencia provocada por la propia enfermedad, los tratamientos farmacológicos, el estrés del ingreso o la falta de movimiento físico se confirman así como las principales causas de cuánto se come realmente en las habitaciones del Hospital y de la satisfacción general con la comida.
Los autores de la investigación recuerdan que la inapetencia no es una mera cuestión de «gustos», sino la antesala de la Desnutrición Relacionada con la Enfermedad (DRE) y de la sarcopenia (pérdida acelerada de masa muscular y fuerza), dos condiciones de las que investigaciones previas ya habían detectado una elevada prevalencia en las plantas del Hospital de León.
Insisten en que cuando un paciente no come lo suficiente aumentan las complicaciones. Su sistema inmunitario se debilita, empeora la cicatrización de heridas y quemaduras, y se eleva el riesgo de infecciones oportunistas. También se alargan las estancias al ralentizarse la recuperación y se disparan los costes sanitarios porque el paciente requiere más medicación, revisiones, pruebas adicionales y recursos humanos.
Frente a la visión clásica de que la nutrición hospitalaria es una simple pauta dietética abstracta, el equipo propone una auténtica revolución en los protocolos asistenciales: incorporar la evaluación del apetito como un indicador clave, como se hace con la fiebre o la tensión. Abogan por un cribado precoz de riesgo nutricional para identificar desde el primer día de ingreso a los pacientes con inapetencia severa o riesgo de desnutrición; planes personalizados y flexibles para adaptar las texturas, sabores, temperaturas y formatos de las raciones a las preferencias del enfermo; y una monitorización continua para medir el nivel de apetito y el porcentaje que consume para intervenir antes de que el deterioro muscular o nutricional sea irreversible.
La temperatura, la variable pero valorada
Una de las aportaciones más interesantes de los investigadores de Ibioleón es la demostración empírica de cómo la experiencia sensorial condiciona la nutrición, ya que existe una relación matemática y directa entre el apetito y factores como el sabor, el aroma, la presentación y la calidad percibida del plato. Cuanto más atractivos resultan estos aspectos sensoriales para la vista, el olfato y el paladar del paciente, mayor es su predisposición a ingerir la comida y vencer la apatía metabólica inducida por la enfermedad. «Mejorar la experiencia alimentaria del paciente puede tener un impacto directo en su estado nutricional», subrayan los autores leoneses.
El estudio muestra que la percepción general del menú hospitalario ha mejorado claramente en los últimos años, pasando de un modesto 6,04 sobre 10 en 2022 a un 6,86 en 2023 y 6,75 durante 2024. Las denominadas «dietas normales» (no terapéuticas ni estrictamente restrictivas) son las mejor valoradas por los usuarios. Sin embargo, el informe detecta varios puntos negros a corregir en la logística hospitalaria. La temperatura de la comida es la variable peor parada, con una pérdida progresiva de puntuación año tras año. Un plato caliente que llega tibio o frío al control de planta pierde gran parte de su atractivo organoléptico. El tamaño y la calidad de la ración también experimentaron ligeros retrocesos en la valoración de los pacientes a lo largo del trienio estudiado.