Diario de León

La epidemia silenciosa: las fracturas óseas cuestan en León más de 40 M€ al año

Con un 27% de mayores de 65 años, la provincia registra más de 8.000 roturas al año y siete de cada diez se deben a la fragilidad ósea

La cadera es la rotura más frecuente por osteoporosis en personas de edad.

La cadera es la rotura más frecuente por osteoporosis en personas de edad.j.f.s.

Pilar Infiesta
León

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A simple vista, el esqueleto humano parece una estructura sólida e inmutable. Sin embargo, en una provincia envejecida como León, los huesos de miles de vecinos se han convertido en algo más parecido al cristal. Cada día, el servicio público sanitario atiende una media de 24 fracturas en la provincia, según datos de Sacyl, una cifra que convierte a estas lesiones en uno de los mayores desafíos sanitarios y económicos del sistema.

De todas las roturas asistidas al año (de 8.000 a 9.500 por accidentes de tráfico, laborales, deportivos...), cerca del 70% (6.000) se deben a la osteoporosis o fragilidad ósea, una enfermedad metabólica que debilita la densidad interna del hueso sin dar síntomas previos hasta que llega el primer impacto.

Para entender la magnitud del problema, esas 6.000 fracturas por osteoporosis al año equivalen a que cada dos horas un leonés sufra una rotura de hueso por un traspiés, una caída leve o incluso un mal gesto.

Solo de cadera —la fractura más grave e incapacitante— se operan 900 casos anuales en los quirófanos leoneses. Si se reuniera a todos estos pacientes en un único momento, llenarían por completo las camas del Hospital de León. Le siguen las vertebrales, que suelen ser subclínicas o no diagnosticadas de inmediato, las de muñeca-radio y húmero.

La factura de este deterioro óseo silencioso «no es solo humana, sino también económica», precisan fuentes sanitarias. Tratar estas roturas —entre intervenciones quirúrgicas, días de cama de hospital, prótesis, medicación y rehabilitación— le cuesta al sistema sanitario de la provincia más de 40 M€ anuales.

Al sumar los costes indirectos (atención a la dependencia, cuidados familiares, bajas y adaptaciones en el hogar), la cifra se dispara hasta rozar los 70 M€. Por entenderlo, el coste de las fracturas óseas es equivalente a construir tres colegios públicos equipados o comprar 200 ambulancias de soporte vital avanzado. A nivel nacional, suponen 4.300 M€ (un 3,8% del gasto sanitario total), por lo que el peso proporcional de León en este gasto «es superior a la media española por al envejecimiento de su población», según los expertos, que insisten en que la incidencia general de fracturas por fragilidad ronda los 10,9 casos por 1.000 habitantes, pero en León (con más del 27% de la población por encima de los 65 años), este ratio se eleva.

Los especialistas insisten en que la osteoporosis es una amenaza que se puede prevenir. El diagnóstico temprano con densitometrías óseas en grupos de riesgo, el aporte adecuado de calcio y vitamina D, el ejercicio de fuerza y la adaptación del entorno familiar para evitar tropiezos son las herramientas clave.

Frenar este goteo de ingresos no solo aliviaría la presión sobre los quirófanos y las arcas públicas, sino que garantizaría una vejez mucho más autónoma y saludable para la población leonesa.

El Hospital se consolida como referente en operar a centenarios

En una provincia donde la barrera de los 100 años se supera con creciente frecuencia, soplar un siglo de velas ha dejado de ser una excepción para convertirse en una realidad cotidiana a la que el sistema sanitario debe dar respuesta. El Complejo Asistencial Universitario de León (Caule) ha consolidado en los últimos años un protocolo de éxito desde que operó a 15 centenarios en 2022 que lo sitúa a la vanguardia nacional en el abordaje quirúrgico de fracturas de cadera en pacientes de un siglo o de edad muy avanzada, lo que prima la calidad de vida y la autonomía funcional de este perfil poblacional.

Romperse la cadera pasados los 90 o los 100 años ha dejado de ser una condena a la postración. Tres factores clave explican esta evolución: el mayor nivel de salud con el que se alcanza la longevidad, la implantación de técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas —que reducen el sangrado y acortan los tiempos en quirófano— y la implantación de equipos multidisciplinares de ortogeriatría.

«La intervención mejora de forma radical la calidad de vida de estos pacientes, y el beneficio es mayor cuanto antes se pueda llevar a cabo la cirugía», explican desde el servicio de Traumatología. Sin embargo, la intervención no siempre es inmediata debido al manejo de las comorbilidades asociadas a la edad. «Es fundamental comprobar previamente el estado de hidratación del paciente y ajustar la medicación crónica para operar con las máximas garantías de seguridad. La labor conjunta de los geriatras es determinante para estabilizar los desequilibrios electrolíticos y preparar al paciente antes de entrar a quirófano».

El objetivo principal de la cirugía es claro: devolver la movilidad previa o, en su defecto, eliminar el dolor. «Vuelven a caminar aquellos que ya lo hacían antes de la caída. Si se trata de un paciente que no caminaba previamente por un deterioro cognitivo avanzado, la cirugía sigue siendo necesaria porque le libera del dolor y facilita los cuidados diarios», señalan las mismas fuentes.

El protocolo de recuperación postquirúrgica prioriza la movilización temprana y se sienta al paciente en el sillón al día siguiente. En las 48 horas posteriores, se inicia el reentrenamiento de la marcha según la evolución de cada caso. También la tecnología de los implantes ha experimentado un salto cualitativo. El uso de prótesis de última generación con recubrimientos biológicos que favorecen la osteointegración permite una fijación más sólida sobre huesos debilitados por la osteoporosis.

La mayoría de estos episodios se producen por caídas domésticas o en centros residenciales por la pérdida de equilibrio y la fragilidad ósea, un factor que los especialistas continúan vigilando de cerca para reforzar las estrategias de prevención.

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