CÉSAR DOPAZO INGENIERO AERONÁUTICO Y LEONÉS DEL AÑO
«El futuro de León, en 20 años, será lo que sea su universidad»
César Dopazo, (1943), abandonó su León natal para desarrollar su estudios; primero a Oviedo, después a Madrid, más tarde a Nueva York. Ingeniero aeronáutico, doctor en la materia, una autoridad
Foto de familia de los miembros del jurado del Leonés del Año, antes de reunirse
César Dopazo García comenta la coincidencia de fechas, 25 de enero, entre su nombramiento como director del Ciemat y la concesión del galardón de Leonés del Año. El premio, que reitera no merecer, le sabe a reconocimiento al ámbito de la ciencia aplicada, «a los que trabajamos para aportar soluciones y mejorar así la calidad de vida» y le «compromete a tratar de aportar soluciones» para lo que de él necesite su León natal, al que define como «una entidad geográfica y social que tiene la suficiente historia para labrarse un presente y proyectar su futuro». El galardonado de la trigésimo segunda edición defiende el incremento de partidas presupuestarias para investigación y celebra que la imagen del científico no se asimile ya por el antiguo cliché. -¿Es fácil pensar que la mecánica de fluidos no tiene nada que ver con la vida terrenal? -Estudia el movimiento de los fluidos y su comportamiento. Hace dos semanas asistí a una conferencia de la problemática del Prestige y giró sobre como afectó la carga del fluido a su hundimiento y posterior reacción y los efectos de la salida del fuel. Siempre traté de despertar a los alumnos interés por este área de investigación. -¿Cree que España es agradecida con la tarea de los investigadores? -La ciencia no está bien tratada, pero se va ganado territorio en este aspecto; a veces, y por desgracia, es necesario que ocurran catástrofes para saber lo que la ciencia aporta a la calidad de vida. Un investigador, al menos, ya no está catalogado en aquel cliché que le presentaba como una persona desaliñada, con el jersey roto por los codos. Al menos se ha corregido ese aspecto, ya no se ve como una persona rara. -Usted dirige un instituto que investiga para mitigar los efectos de catástrofes ecológicas. ¿La del Prestige es excepcional? -Lo primero que nos ha descubierto el Prestige es que hay valores que no se han perdido en nuestra sociedad. La solidaridad, por ejemplo. Y no me refiero sólo a la demostrada por la población dispuesta a pringarse las manos de fuel por salvar un ecosistema y un medio de vida, también a la demostración práctica de muchos investigadores del Ciemat que están trabajando en iniciativas, en planes de acción, para comprender la reacción del fuel, aportaciones prácticas para mitigar los efectos de su salida. -¿Cómo llegó a desarrollar su vocación en este campo investigador? -Me considero un alumno del profesor Liñán, que despertó mi interés por la mecánica de fluidos y la combustión en la Universidad Politécnica. Después estudié en Estados Unidos. De regreso a España, planteé la creación de un instituto investigador, con el apoyo de las administraciones de Aragón y el ente estatal de investigación científica. Me siento orgulloso del laboratorio de combustión que creé en Zaragoza, pero me he sentido poco apoyado desde las administraciones y por las instituciones, que mantienen una política cicatera en esta materia. -¿Cómo recibió la noticia de que el jurado de Leonés del Año le había concedido ese reconocimiento? -No debe sonar a cumplido; es un honor y una satisfacción que se reconozca algo que hemos hecho y por lo que se nos valora. Todos necesitamos sentirnos apreciados. Sin duda, me animará a difundir aún más el nombre de León por el mundo. León es una entidad geográfica y social que lo tiene casi todo y que no ha de inventarse un pasado como hacen ahora en otras regiones; creo que hace falta un esfuerzo de todos para definir el presente de León y programar su futuro. Me compromete a tratar de aportar soluciones y estoy a disposición para aportar lo que se me pida. -La mayoría de los personajes que reciben el Leonés del Año no residen aquí. ¿Merece este asunto una reflexión? -León, como Aragón, son tierras hostiles. La juventud necesita emigrar para expandirse por la falta de medios que observa en su tierra. Hay que invertir en que León sea territorio más amistoso, sostenido y sostenible. Cebrián introdujo el término glocalización, frente al de la globalización. El exilio por falta de medios es penoso. Hace falta que se invierta en educación. El futuro de León, de aquí a 20 años, será lo que sea su universidad.