OPINIÓN
Un gusano en el paraíso
Anda por Internet un virus que ha colapsado la navegación universal. Es un gusano llamado Slammer que ha desacreditado en parte la seguridad de Microsoft. Ese gusano se ha aprovechado de las brechas en la fortaleza de Bill Gates para guerrear con la red informática mundial. Se trata, llanamente, de terrorismo informático. Por ahí andan los cazadores de virus con su parafernalia de antídotos informáticos mientras a todos los navegantes nos llega el efecto de lentitud y desconcierto. Los virus son cada vez más sofisticados y perversos, hasta el punto de que un portavoz de Microsoft ha dicho estos días que la aparición del gusano Slammer es como si le hubiesen lanzado un huevo a la cara de la gran compañía del software. Una muestra de la imperfección humana es que ya existan gusanos informáticos que lograr cruzar las verjas del paraíso. La entrada del gusano Slammer en escena coincide con una encuesta altamente demostrativa de la confianza de los usuarios de Internet en la información que la red de redes suministra al instante. Es una encuesta hecha con la población norteamericana. Más de un sesenta por ciento de personas que navegan por Internet consideran que es una fuente de información de extrema importancia. En un porcentaje similar se fían de la información que ofrecen los libros y los periódicos pero solo dan un treinta por ciento de confianza a la televisión, un cuarenta por ciento a la radio y menos del treinta a las revistas. Internet tiene, además, la ventaja de que está abierto las veinticuatro horas del día. Esa encuesta revela que los usuarios de Internet generalmente pasan más tiempo frente a la pantalla del ordenador que mirando la televisión. Incluso así, permanece el recelo a confiar los datos de la tarjeta de crédito on line. La aparición de más gusanos informáticos aterra a quienes han confiado parte de su vida profesional y doméstica al clic de un ordenador. Allí leemos prensa, jugamos al ajedrez, compramos un compact disc o consultamos el estado de nuestra cuenta corriente. Al mismo tiempo, la piratería informática refina sus delitos con constancia. En realidad, esos ataques contra sistemas informáticos son dados a conocer escasas veces. A ningún banco le apetece que sus clientes entren en pánico porque un gusano informático ha paralizado los cajeros automáticos. El gusano Slammer ha tenido incluso más impacto en Japón y Corea del Sur que en los Estados Unidos. Slammer afectó directamente el sistema telefónico finlandés. Esos son gusanos globalistas, en búsqueda y captura del chip que anima nuestras vidas. Velan armas los técnicos en criptografía, a modo de patrullas de vigilantes que protegen los umbrales de la red de redes. Esa vulnerabilidad incentiva a los piratas. La semana del gusano Slammer lo certifica. En la misma semana, The Economist ha descrito algunas escenas de la vida en el futuro año 2033. Es un futuro digital, quien sabe si a salvo de gusanos como Slammer. Es un futuro sin atascos de tráfico porque no habrá horas punta al ser todos los horarios perfectamente flexibles. Uno podrá llevar toda su oficina en el bolsillo. El vídeo tridimensional permitirá conferenciar con colegas donde estén. Desde ahí mismo uno va a votar en un par de referéndums al día. No hace falta imaginarse el mundo en el año 2003 para comprobar hasta que punto Internet está cambiando tantas cosas. Ha sido todo rapidísimo e inimaginable, del mismo modo que hace diez años nadie hubiese podido sospechar que habría gusanos informáticos capaces de generar descontrol en la red. Ahora lo podemos conocer y hacer casi todo en el acto, casi instantáneamente. Es un clic que ya no nos intriga mucho porque se ha convertido en un acto casi reflejo, como marcar un número de teléfono o darle al embrague del coche. Claro está que no hay paraísos sin manzanas podridas por un gusano ajeno a las reglas colectivas. Habrá que poner precio a la cabeza de Slammer para que los cazadores de recompensas tengan mejores incentivos en la protección de Internet.