Diario de León

Francisco Sosa Wagner SOSERÍAS

Las autopistas son para la aventura

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

EN Povoa de Varzim nació José María Eça de Queiroz, gran espíritu el suyo volcado en sus novelas, su imagen ha pasado a la historia unida a la del monóculo que utilizaba. Pero quienes le conocemos bien sabemos que el tal monóculo era en rigor un estilete con el que asaltaba a la sociedad circundante metiendo luz en sus escondrijos, justo allí donde anida la hipocresía. Hay quien duda de que naciera en ese lugar y colocan su cuna en el pueblecito cercano de Vila do Conde. Porque por esos pueblos portugueses pasaba yo de viaje hace algunos días y recordaba las grandes creaciones de su ingenio, el primo Basilio, la reliquia, el crimen del padre Amaro, sus vidas de santos... Y sus Farpas, sus banderillas, que eran puñal que introducía en las entretelas de la sociedad lusa con sus señorones camino de San Carlos, y el puñal salía chorreando la sangre de la ironía. Mucho de lo bueno que tiene hoy Portugal se lo debe a Eça de Queiroz. Entre esas «banderillas» hay una dedicada al viaje en tren en 1871 donde cuenta las emociones que en él se viven para hacer estimulante la experiencia: el imprescindible descarrilamiento y, en el vagón-restaurante, el envenenamiento a un precio asequible. Y me preguntaba yo qué diría Eça del viaje actual por la autopista que, a la salida de Portugal, conduce hasta Benavente desde Vigo y enlaza con otra, por Astorga, hasta León. Porque es el caso que en todo ese trayecto no existe ni una sola zona donde parar a pesar de la insistencia que la autoridad pone para que los españoles, en los viajes, descansemos de vez en cuando por razones higiénicas, para no asesinar al niño que llevamos detrás llorando ni al locutor de la radio que vocea un gol. Ni tan siquiera un aliviadero se halla aprestado por si a la criatura se le ocurre devolver a la naturaleza de donde procede la papilla de cereales. Nada: autopista y más autopista, carretera despiadada, kilómetros feroces, algunos guardias en sus apostaderos con el bloc que es rifle de caza, de cuando en cuando ese remedo de tetas que son el anuncio de un badén, allá un sol benigno, acullá un monte ceñudo que nos escolta y ese pájaro despistado que lleva en su ánimo la alegría dulce propia del esclavo que es del lirismo. De pronto, envolviéndolo todo, el crepúsculo de oro, cándido y pálido. Centenares pues de kilómetros que el viajero ha de hacer entregado al placer de conducir de una manera obstinada y tenaz, sin desmayos ni distracciones, sin atender a sus posibles aprietos fisiológicos porque es el caso que no existe un lugar donde evacuar ni necesidad que hay de ello porque un conductor responsable no pierde el tiempo en semejantes bagatelas. Hay, sí, anuncios que indican un lugar donde tomar gasolina y yo invito al viajero ávido de emociones a que intente la experiencia. Es necesario salir de la autopista y, en seguida, se encontrará con un cruce, una encrucicada de caminos: a la derecha, a la izquierda, al frente, al este, al oeste, ¿qué camino tomar? Si quien ha ideado el asunto fuera un señor rutinario pondría un cartel con una flecha para indicar el lugar donde se halla la estación de gasolina. Pero no, al ministerio responsable se le podrán reprochar cientos de vicios pero en modo alguno el de carecer de imaginación y es por esta debilidad suya por lo que ignora las señales para que sea el mismo viajero quien colabore y se dé a soñar en qué concreta dirección se hallará el surtidor de combustible. Es un momento sensacional, en el que la aventura alcanza dignidad de odisea y en el que ensalza uno para sus adentros a quien ha discurrido esta original forma de excitar la imaginación y sacudir las perezas. Y, al fin, la autovía que desde Astorga conduce hasta León termina de una manera tan diabólica que algunos sostienen que puede ser trampa para accidentes mortales. Gentes rutinarias porque, bien al contrario, todo está pensado para asegurar una red de peligros sorpresivos. Hay, lector amable, el Estado liberal, el Estado totalitario, el Estado sólido y el Estado gaseoso. Por las razones indicadas hay quien aplica al nuestro la designación de Estado-chapuza. Discrepo y le llamo Estado bromista, el Estado del ingenio guasón.

tracking