Diario de León

El palacio de Ramiro de Laciana, en pleno casco antiguo, es un ejemplo de cómo dotar de un uso residencial a un edificio histórico

Otra forma de rehabilitar

Una de las soluciones que se están planteando hoy de cara a la preservación y rehabilitación de edificios singular

Publicado por
E. Gancedo - LEÓN.
León

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Por contra, este tipo de actuaciones urbanísticas se topan muchas veces con dificultades logísticas y administrativas, entre las que cabe destacar la complejidad que entraña trabajar en construcciones muy antiguas y en estrechas calles y algunos obstáculos burocráticos impuestos por el Ayuntamiento. Uno de los edificios históricos -bastante desconocido, en este caso, para el gran público-, que ejemplifica a la perfección tal tendencia es el palacio de Ramiro de Laciana y Quiñones, situado en la calle La Rúa. Durante años, este antiguo inmueble sufrió un abandono total tanto desde el orden institucional como desde el privado. Ahora, una empresa leonesa creada expresamente con ese fin, se ha encargado de su restauración para crear en el inmueble once viviendas de calidad. Los inconvenientes a los que se han tenido que enfrentar los trabajadores han sido muchos, aunque, en todo caso, comunes a los que siempre se encuentra en este tipo de construcciones. En la capital del viejo Reino, la mayoría de los palacios, casonas y edificios erigidos por la nobleza desde la Edad Media hasta la Edad Moderna, quitando unos cuantos ejemplares de piedra, son recintos de los que se podría decir que presentan una fuerte impronta rural, construidos en adobe, tapial y canto rodado, al igual que las casas de labranza del campo leonés; muchas veces con sus corredores de madera y soportales en torno a un patio interior. A esta tipología responde también el palacio de Ramiro de Laciana. El arquitecto Rafael Rodríguez, responsable del proyecto, explica que el edificio, «elevado con adobe y canto rodado, cuenta con muchos añadidos a lo largo de los años» y, a su juicio, aparte de la fachada, que se ha mantenido íntegramente, «no posee un excesivo valor arquitectónico». Así, el ladrillo que puede verse actualmente se le añadió, seguramente, en torno al siglo XIX. La empresa se encontró, pues, con un edificio «abandonado desde los años setenta», dice Rodríguez y «derruido en alguna de sus partes». Así, se procedió a su casi completo vaciado y a la realización de un estudio arqueológico del edificio. El resultado ha sido que, manteniendo la estructura antigua, el Palacio de Ramiro de Laciana volverá a albergar, como antiguamente, inquilinos.

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