Diario de León

El yacimiento se descubrió cuando las obras de un ferrocarril dejaron al descubierto varios restos

Atapuerca, el origen del hombre

Gracias a este enclave burgalés, se han podido averiguar muchas pistas sobre nuestros antepasados

Muchas han sido las exposiciones relacionadas con Atapuerca y el origen del hombre

Muchas han sido las exposiciones relacionadas con Atapuerca y el origen del hombre

Publicado por
Álex Fernández - redacción
León

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¿Te has preguntado alguna vez por qué tienes la nariz tan ancha, la mandíbula pequeña o las piernas tan largas, más allá del parecido con los familiares más cercanos? ¿O de dónde procede esa capacidad para retener información o la habilidad para diseñar objetos y elementos tan creativos? ¿Tiene el hombre del siglo XXI algo en común con el que habitó esta tierra hace un millón de años? Las respuestas a estas cuestione nos remontan a nuestros antepasados, a quienes podemos estudiar a través de los fósiles humanos hallados en numerosos enclaves. La sierra burgalesa de Atapuerca es uno de ellos, especialmente privilegiado porque permite estudiar la evolución humana a lo largo de un millón de años y ofrece datos sobre los primeros europeos, lo que convierte este yacimiento en un lugar único en el mundo. El descubrimiento Atapuerca es una pequeña sierra que se extiende de noroeste a sudeste en el valle del río Arlanzón, apenas 15 kilómetros al este de la ciudad de Burgos. Los pueblos más cercanos son Ibeas de Juarros, a unos 4 kilómetros al Suroeste, y Atapuerca, justo en la falda noreste de la Sierra y que le da nombre. Como ocurre con frecuencia con los yacimientos prehistóricos, el descubrimiento de lo que hoy se conoce como Atapuerca se debió al azar. En este caso, gracias a la construcción, en 1901, de un ferrocarril minero, que suministró carbón y mineral de hierro a las primeras siderurgias vascas, y cuyas obras dejarían visible los yacimientos que hoy conocemos. Si bien desde 1910 se vienen realizando importantes descubrimientos arqueológicos, no fue hasta 1992 cuando Atapuerca comenzaría a adquirir la fama por la que se la conoce en la actualidad. En aquel año se encontrarían, en la conocida como Sima de los Huesos, diversos restos de un valor incalculable, entre ellos, el primer cráneo completo del Pleistoceno Medio (hace 780.000 años y 127.000 años), el más entero y mejor conservado de todos los hallados en el mundo, perteneciente a un niño de apenas catorce años. Dos años después, en la excavación conocida como Gran Dolina, se descubrieron los restos de homínidos más antiguos de Europa, de más de 780.000 años, los cuales habían sido víctimas de prácticas antropófagas. No se sabe por qué lo hacían, pero se puede afirmar que los primeros europeos fueron caníbales. En 1997, debido a esta peculiar morfología, el equipo principal de científicos creaba la especie «Homo antecesor», cuyo nombre significa el que va delante, el pionero. Aunque hay quien no está de acuerdo con esta interpretación, para los paleoantropólogos de Atapuerca el Homo Antecessor sería antepasado nuestro y de los Homo neanderthalensis, los famosos Neandertales, la otra especie humana que convivió con nuestros antepasados y cuyos últimos rastros, de hace unos 30.000 años, se encontraron en el sur de España. Por su parte, los humanos de la Sima han sido clasificados dentro de la especie Homo Heidelbergensis, nombre dado en honor a una mandíbula encontrada en Mauer, Alemania, una forma de homínido que vivió en Europa entre hace algo más de 500.000 y 200.000 años, intermedia entre el Antecessor y el Neardental. La siguiente forma humana que se documenta en Atapuerca, localizada en la Cueva del Mirador, es el Homo Sapiens Sapiens, es decir, nosotros mismos. Se trata de poblaciones ganaderas que vivieron hace unos 5.000 años, con unos huesos muy semejantes a los nuestros, un poco más bajos y más robustos, pero mucho menos fuertes.

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