En nuestra propia casa habitan infinidad de minúsculos ácaros que son los principales causantes de las alergias
La jungla que vive con nosotros
Descubrir las plantas y animales que habitan en la ciudad te resultará algo sorprendente
La ciudad: coches, grandes edificios, laberínticos barrios, largas y anchas avenidas, antenas, pararrayos... Y aquí y allá, como islas en mitad de un mar de cemento y asfalto, un parque, un jardín, una plaza con algunos árboles, o un solar abandonado en el que crecen arbustos o lo que algunos llaman «malas hierbas». Y poco más. Desde luego, no parece a primera vista el lugar idóneo para disfrutar de la naturaleza. Pues ni mucho menos. Precisamente debido a las singulares características del medio urbano, aparentemente hostil para cualquier tipo de criatura (excepto nosotros), animarse a descubrir a los animales y plantas que lo habitan es una de las experiencias más sorprendentes de cuantas puede disfrutar el aficionado a la naturaleza. Comienza a mirar en tu casa Uno de los lugares por los que comenzar a investigar es tu propia casa. Probablemente hace ya tiempo que sabes que no vivís solos, tú y tu familia. Escondidos tras un gran armario, bajo la moqueta, en esos rincones que sólo se visitan con la escoba de vez en cuando, y sobre todo en cualquiera de las muchas «venas» que mantienen vuestro hogar conectado al resto del mundo (cañerías, conducciones eléctricas...) nacen, crecen, se multiplican y mueren diversas especies de pequeños animales, la mayoría de ellos absolutamente inofensivos. Pocas son ya las casas que sufren de la presencia de ratones o cucarachas, pero pocas también las que no cuentan con su pequeña población de invisibles ácaros (microscópicos, y culpables de no pocos ataques de alergia) y de sus depredadores más eficaces: las arañas. Los pececillos de plata son un encuentro en absoluto raro cuando encendemos la luz del baño en plena noche, y en los muebles más antiguos de madera pueden mantenerse prósperas colonias de carcoma. En la ciudad Salgamos ahora a la calle y prestemos atención a nuestro alrededor. Si es de día, podremos observar una notable diversidad de aves. Bastará con acercarse a un parque para descubrir que no todo son palomas y gorriones. Pero es al caer la noche, cuando los humanos nos retiramos a nuestros cubiles, o quizás sea mejor decir colmenas, el momento que eligen muchas otras criaturas para salir. Los dueños de las calles son entonces los gatos. Y más arriba, y durante los meses de calor, los murciélagos. Si unos rondan los contenedores, otros hacen lo propio con las farolas, en busca de mariposas nocturnas. En los arrabales En los arrabales, allí donde las ciudades se confunden ya con el campo circundante, es posible entonces toparse además con un zorro, un jabalí o un erizo. Por supuesto, no merece la pena acercarse hasta tan lejos solo. Estos animales son enormemente escurridizos, y tan sólo se dejan ver un instante a la luz de los automóviles. Además, del mismo modo que todas las ciudades del planeta y sus habitantes humanos tienden cada vez más a parecerse, también la fauna que acogen es cada vez más similar: ratas, gatos, estorninos, gorriones o palomas viven hoy en continentes donde no existían hace sólo 200 años, con el consiguiente impacto para otras especies. Los vertederos También cabe señalar cómo, por suerte, cada vez son menos los vertederos que permanecen en funcionamiento. Aún así, aún quedan muchos en las calles, y son aprovechados por todo tipo de criaturas que podamos imaginar, desde el jabalí, la gaviota o la cigüeña al lobo o el milano negro, elegante ave de presa que al llegar la época de otoño vuela a África.