| Reportaje | Grupos Balint |
Terapia de grupo ante la consulta León acoge a seis víctimas del plan nacional contra la violencia de género
La Gerencia de Atención Primaria promueve grupos de autoayuda y psicoanálisis para que los médicos y otros profesionales aborden los problemas de relación con los pacientes

El doctor Luis Salvador López Herrero, coordinador de los grupos Balint
Mejor relación con los pacientes, reducción de la angustia y la ansiedad y, sobre todo, respaldo de los compañeros es lo que han encontrado los facultativos leoneses que, desde hace más de tres años, participan en un grupo de terapia en el que todo el saber del psicoanálisis, «el poder del lenguaje, la palabra y la escucha» se pone al servicio de la resolución de problemas en las consultas. La Gerencia de Atención Primaria de León ha sido pionera en la puesta en marcha y el apoyo a estos grupos en los que los médicos abordan los problemas y conflictos que tienen día a día. Reuniones enmarcadas en el grupo Balint, un nombre que debe al psicoanalista pionero en este tipo de programas de ayudoayuda grupal dirigidos a médicos. Tras tres años de trabajo del grupo, con reuniones mensuales de siete u ocho facultativos, sus resultados han sido tan satisfactorios que, a partir del próximo otoño, se abrirán al resto del personal sanitario. Juan Luis Burón, gerente de Atención Primaria, subraya que estas sesiones nacieron para analizar qué problemas surgen en las consultas (tanto en la relación médico-paciente como en las dificultades para el diagnóstico) e intentar que el apoyo de los compañeros y los profesionales permitan resolverlos. «Todos los profesionales que han pasado por este grupo reconocen que ha sido positivo para su quehacer diario por lo que nuestro objetivo es extender esta experiencia positiva y pionera al resto del personal. Se trata de hacer todo lo posible para mejorar la relación con el paciente», explica. La experiencia sirve, y sirve no sólo para los pacientes. Luis Salvador López Herrero, psicoanalista y coordinador del grupo Balint, recalca que el trabajo en grupo ha permitido que los facultativos aborden cada caso complejo «con tranquilidad, sin bloqueos y sintiéndose en todo momento respaldados por el grupo». Además, según la memoria y el trabajo personal de cada participante presentó sobre el grupo, su asistencia ha tenido un efecto positivo ya que supone un alivio de la ansiedad y la angustia con que afrontan los casos complejos en la consulta, al mismo tiempo que reduce la sensación de fracaso y de impotencia que muchos sentían. 50% reflejos psicosomáticos El fundamento del grupo Balint hunde sus raíces en el psicoanálisis y en el uso _explica López Herrero_ del valor de la palabra y la escucha para abordar los problemas. En cada sesión, uno de los participantes pone en común un caso clínico, un problema de diagnóstico, de relación con el paciente, de manejo de un problema médico o de qué hacer cuándo se han agotado las vías de tratamiento. Generalmente, apunta, se trata de un problema de salud mental aunque no tiene qué ser necesariamente de este tipo. La conversación, dirigida por el terapeuta, trata de dar una nueva perspectiva para abordar el problema. «Cuando cuenta su problema el médico está transmitiendo a todo el grupo su impotencia, y sólo con vocalizarlo ya está sintiendo un alivio», dice López Herrero. Pero la ayuda fundamental viene de que en el cruce dialéctico «la problema que viene con el problema libere tensión y vea nuevas posibilidades para abordar el conflicto. En realidad muchas veces los problemas se resuelven no porque éstos cambien sino porque varía la relación del sujeto con el problema». El psicoanalista coordinador del grupo evita «el hablar por hablar o los puntos sin salida». Formación en el campo mental La tarea del grupo, que mantiene reuniones mensuales, ha permitido _según López Herrero_ comprobar que existe escasa formación entre los médicos para abordar el campo de la mente, «ante el que se siente un poco desprotegido». Y eso pese a que aproximadamente un 50% de los problemas que se tratan en Atención Primaria no son manifestaciones de una enfermedad sino muestras psicosomáticas que tienen detrás un componente psicológico o social. López Herrero apunta, a modo de ejemplo, que enfermedades como la fibromialgia o la astenia crónica tienen un alto grado de componente psicológico en su origen y podría avanzarse mucho en su tratamiento usando estas herramientas. «Mi impresión personal es el que el trabajo del grupo debería extenderse porque permite actuar sobre una mayor cantidad de gente pero también que ciertas personas sean canalizadas hasta terapias individualizadas», recalca el psicoanalista leonés. «Es absolutamente factible y eficaz», agrega. De momento, la ampliación de los grupos se llevará al resto del personal sanitario del área sanitaria y también al personal administrativo, parte fundamental del engranaje de la institución, con la ayuda de los facultativos que han participado en la experiencia primera. Estos grupos empezarán a configurarse en otoño de forma «pausada y progresiva», matiza López Herrero quien resalta la apuesta de la administración (del gerente de Atención Primaria y del director médico) por un proyecto que «en principio no parece ser rentable ni tener un rendimiento inmediato» pero que «incide directamente en la salud de los profesionales» afectados por la «toxicidad de las consultas («el contacto con el sufrimiento crea en el médico malestar emocional», explica). «Pero se logra que el quehacer sea más efectivo para el paciente y gane el médico al sentirse más libre». resume a modo de conclusión. Cuando estos grupos se pongan en marcha, el área sanitaria será pionera en el uso de nuevas herramientas para abordar la relación profesional-paciente. Aunque las estadísticas confirman que más de un 90 por ciento de los enfermos pone una nota alta al personal que le atiende lo cierto es que en una de cada diez consultas surgen problemas de relación o campos muertos para la actuación clínica. León acoge a seis mujeres víctimas de malos tratos acogidas al programa de teleasistencia móvil que ha puesto en marcha el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. En la comunidad son 35 las usuarias de este servicio, y curiosamente es en Soria donde más hay, con un total de siete, quizás porque muchas de ellas optan por huir de sus lugares habituales de residencia a ciudades alejadas para literalmente esconderse de quienes las maltrataron. Son mujeres, madres, víctimas, maltratadas, acosadas, están amenazadas y en muchos casos obligadas a huir de sus ciudades para continuar con vida y no terminar a manos de sus ex parejas. Además de las siete de Soria y las seis de León, hay seis más en Burgos, tres en Zamora y Ávila, dos en Palencia y Salamanca, una en Valladolid y otra en Segovia. Este servicio, que se basa en la utilización de tecnologías de comunicación telefónica móvil y de telelocalización, forma parte del Plan de Medidas Urgentes para la Prevención de la Violencia de Género y ha sido concebido a través de un convenio entre el Imserso y la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP). Localización por GPS El programa, para el que el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales ha comprometido 18,2 millones de euros hasta el 2007, permite que las mujeres en riesgo de sufrir violencia de género puedan entrar en contacto durante las 24 horas del día con un Centro de Atención específicamente preparado para dar una respuesta adecuada en seguridad, atención psicológica y social. El sistema consta de un aparato, similar a un teléfono móvil, con GPS a través del cual el Centro de Atención conocerá la situación de la víctima de violencia de género. El teléfono móvil dispone sólo de tres teclas operativas (encendido y apagado, contacto con el Centro de Atención y emergencia) que posibilita a las usuarias que puedan establecer el contacto con el Centro de Atención en todo momento y desde cualquier lugar, tan sólo apretando un botón y en la modalidad de manos libres. Cuando se produce una situación de emergencia, el Centro de Atención avisa inmediatamente a las autoridades policiales y servicios sociales más cercanos a la víctima. Las usuarias deben ser víctimas de violencia de género que no conviven con la persona o que les haya maltratado.