Un dispositivo especial de transporte público facilitó el traslado de asistentes al camposanto
Un recuerdo vivo en la memoria
El cementerio de Puente Castro recibió la visita de miles de personas a pesar de la lluvia La in

Durante la jornada de ayer se realizaron labores de limpieza
Un día plomizo y lluvioso acompañó ayer a las casi 15.000 personas que visitaron a sus seres queridos en el cementerio de Puente Castro de León y al resto de leoneses que honraron a sus muertos en todos los camposantos de la provincia. La jornada se desarrolló con normalidad, sólo se produjeron algunas retenciones de tráfico para llegar al cementerio y acceder al parking habilitado para dar cabida los más de 5.000 vehículos que se acercaron hasta el cementerio. Un servicio de vigilancia veló para que no se produjeran altercados. La mayor afluencia de público se registró entre las 12.00 y las 12.30 horas, pero el goteo de visitantes fue constante durante todo el día. En los últimos años las visitas se han producido de forma escalonada durante la semana para rezar y limpiar las lápidas de los seres queridos. Trasiego de gentes El trasiego de gentes llegadas de numerosos puntos de León contó con la ayuda de un dispositivo para reforzar el transporte urbano que facilitó el traslado hasta el camposanto. Sentimientos de amor, dolor y temor se conjugan en un lugar donde el pasado se hace recuerdo vivo. Una paz rota para los vivos que aún tienen a sus muertos calientes y una lejanía para los que ha cubierto el otoño de los años. En el cementerio leonés se celebraron cinco misas por las almas de los difuntos, tres por la mañana y dos por la tarde, a las que asistió un nutrido grupo de fieles. Alrededor de las 19.00 horas las puertas del cementerio se cerraron y de nuevo el silencio se apoderó de las calles y jardines del recinto. Desde que el hombre empezó a enterrar a sus muertos siempre ha tenido la necesidad de mantener un lazo invisible con los seres queridos que han desaparecido. «Nadie más muerto que el olvidado», como decía Gregorio Marañón. Emotividad contenida en los que aún tienen fresco el recuerdo de los que se fueron, en el andar de los que ya han aprendido a vivir con ello y en los ojos de los que buscan vagas las risas infantiles. Inmensa soledad acompañada en un largo día que a muchos estremece, nichos y mausoleos engalanados con flores que en muchos casos ya no son de muertos, vivos colores que descansan sobre lápidas resecas y manchadas. Un suave y frío viento meció los altos cipreses entre miles de recuerdos de los que siempre vivirán en la memoria.