Diario de León

«¿Y qué le voy a decir, señor juez?»

Salvador Cañueto, el bandolero de Omaña, se reconoce autor de una parte de los delitos que se le imputan, pero niega haber robado la pistola que portaba cuando lo encontraron

Miguel Ángel Zamora
León

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Instantes antes, un reo, esposado y flanqueado por dos policías, acababa de cruzar una mirada verdaderamente asesina a una joven, seguramente víctima de algún delito, que esperaba sentada en el banco su turno para entrar en otra sala de vistas, acompañada de sus padres. A los tres pareció provocarles un escalofrío la actitud retadora de tal sujeto. Salvador Cañueto es de otra pasta. No inspira temor, casi en el fondo, genera un sentimiento de compasión. En la cárcel no hay ángeles, desde luego, y si los hay, les quitan las alas, por si acaso, pero hay casos, y casos... Llegó tranquilo, permaneció en calma durante la media hora larga que duró la vista oral en la sala y se fue en silencio. Cubrió sus 165 centímetros escasos de humanidad en una cazadora sintética de tonos azulados, con un pantalón vaquero, calcetines deportivos blancos ribeteados y un calzado marrón a medio camino entre zapato y bota. «El bandolero de Omaña», acudió al juzgado de lo Penal 1 de León para rendir cuentas por cuatro delitos que se le imputan. A ratos, miró curioso como el juez tecleaba en un ordenador portátil. Otras veces, se quedó un tanto cabizbajo, como imbuido en sí mismo. Y nunca se volvió para mirar a los testigos citados a declarar. Sólo escuchó, sin hacer gesto alguno. Cuatro delitos en la acusación El acusado compareció en la sala acusado de cuatro cargos, uno de hurto en grado de tentativa y otro de robo en casa habitada (fue sorprendido en un inmueble de La Utrera, metido debajo de la cama del matrimonio que lo habitaba, pero no se llevó nada), un tercero de robo con fuerza en las cosas (supuestamente, habría entrado en un domicilio de Piedrasecha, del que se llevó presuntamente una pistola, que portaba en el momento de su detención y una serie de utensilios de cocina) y el último, de tenencia ilícita de armas (la llevaba en la mochila cuando le detuvo un guardia civil). Se reconoció autor de todo lo que se le imputa, excepto del robo en Piedrasecha. Sostiene Cañueto que, efectivamente, tenía un arma, pero que no es la que se le ha presentado en las diligencias judiciales: «La que yo tenía, la compré en el rastro de León, no la he robado en ningún sitio». Como quiera que los dos peritos en balística citados a declarar no comparecieron, fue imposible cotejar el dato. El juez deberá decidir de acuerdo al informe presentado en la instrucción del caso, que defiende la hipótesis de que la pistola que se le intervino, había sido la misma cuyo robo se había denunciado en la citada localidad. Turno para los testigos El turno de declaraciones de los testigos lo abrió la propietaria del domicilio de La Utrera en cuyo interior le encontró la familia: «No se puede imaginar usted el susto que es escuchar sonidos raros y de repente, darte cuenta de que hay una persona debajo de la cama en la que estás durmiendo. No hemos vuelto a usar esa habitación, todavía nos da escalofríos pensarlo» relató ante el juez la mujer. «No quería hacernos daño, eso sí que lo puedo decir, porque él, la pistola no la sacó hasta que mi cuñado no cogió la silla para arrinconarlo contra la pared. Sólo pidió que se le dejara salir y se llevó una bolsa pequeña, con comida o algo así. No hemos reclamado nada por eso, porque preferimos volver a la calma y no andar con estos jaleos». Fue entonces cuando el juez concedió al reo el turno para decir la última palabra: «¿Qué le voy a decir?» espetó Salvador Cañueto. Condenado a dos años y cuatro meses de cárcel en enero de 1984 por robo, a otros cuatro años y dos meses más por otro robo en mayo de 1984 y a once años por robo con violencia y tenencia ilícita de armas en marzo de 1991, en una o dos semanas sabrá si se añade una nueva condena a su historial. Nacido en la localidad leonesa de Marrubio, en el año 1948, todavía tenía pendientes otros seis años de condena en una prisión de la provincia de Cádiz, por delitos anteriores, que no había terminado de cumplir todavía en el momento en que se produjo su detención. «Cuando le detuve, no opuso resistencia, y fue él mismo el que me dijo dónde llevaba el arma» GUARDIA CIVIL Autor de la detención «Sólo sacó el revólver cuando ya se vio arrinconado en la habitación» TESTIGO PRESENCIAL Propietaria de la casa de La Utrera

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