| Entrevista | Avelino Suárez Álvarez |

«El nuevo Plan del Carbón debe ser la última reestructuración del sector»

El ingeniero recuerda que la minería nunca será rentable, pero defiende la necesidad de las ayudas públicas para mantener una reserva estratégica de autonomía energética

León

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Para Avelino Suárez la dimensión actual del sector minero, y sobre todo la que resultará en el 2012 del nuevo Plan del Carbón, asegurará el futuro el sector minero, siempre que se entienda que el carbón no podrá prescindir nunca de las ayudas públicas. Defensor del carbón como fuente de energía autóctona a conservar en tiempos de inestabilidad internacional, hace hincapié en la importancia de los fondos mineros para dinamizar la economía alternativa de las comarcas mineras, y considera que el Protocolo de Kioto precipitará el inevitable debate sobre la energía nuclear. ­­-El sector del carbón se prepara para otros siete años de reestructuración, con una demanda generalizada de estabilidad después del anterior recorte. ¿Puede sobrevivir la minería española del carbón en su dimensión actual? -Claramente sí. Toda la minería europea es onerosa, se pierde dinero. El plan anterior del carbón tuvo mucho éxito, el sector se reestructuró de manera moderada y permitió iniciar un nuevo tejido industrial. El principio de acuerdo del plan actual, si se acompaña de una dotación económica suficiente para la recuperación de las comarcas mineras, debe ser la última reestructuración del sector. El carbón nunca será rentable, siempre tendrá que tener ayudas, y su explotación es absolutamente necesaria por su carácter estratégico, reconocido por la propia Comisión Europea. Tenemos un carbón caro, pero lo tenemos, otros ni siquiera lo tienen; y eso es una garantía en un entorno inestable y con incertidumbres en el sector energético -La selección de empresas que se ha hecho durante estos últimos años, ¿deja un sector capaz de sobrevivir? -Sí, desde luego con las ayudas. Hay que destacar que hay zonas, como León, con grupos mineros muy importantes, donde están haciendo un esfuerzo muy importante en mejorar su productividad. También cuentan con la ventaja de unos yacimientos a cielo abierto importantes, que permiten compensar los diferenciales de coste negativo de la minería subterránea. Las empresas ahora deben intentar mantener los costes y las ayudas que se establecen en el nuevo plan; y los demás acostumbrarnos a pagar el déficit que la explotación de carbón tiene. -Sin embargo el ministro Solbes recordó recientemente que la minería no es competitiva y el sector debía ir acostumbrándose a sobrevivir sin ayudas. ¿Es un planteamiento adecuado? -Es imposible. Como ministro de Economía puede estar obligado a hablar así, a decir que los sectores deben sobrevivir por sí solos sin ayudas; pero técnicamente eso es imposible en la minería del carbón española. Y cerrarla sería un tremendo error. Ahora estamos comprando carbones internacionales a un precio razonable precisamente porque tenemos el contrapeso de disponer de una minería nosotros, porque el día que la cerremos los precios internacionales subirán sin duda alguna. -El carbón que se extrae en España ¿es realmente un factor para la independencia energética, o estamos desmantelando por partes un sector que no es rentable? -Es un factor que contribuye de manera determinante a la independencia energética del país, porque representa una cuarta parte de la generación de energía, y eso hay que mantenerlo. Creo que desmantelación no se ha producido, sino más bien una reestructuración ordenada y un adelgazamiento muy importante del sector, que además era necesario hacerlo porque había explotaciones y yacimientos difíciles de soportar bajo el punto de vista económico y social. El acuerdo para este segundo gran plan del carbón es muy satisfactorio, está mejor dotado que el anterior y está haciendo muy hincapié en la diversificación y dinamización de las comarcas mineras, cuestión de vital importancia. Ahora se reduce la partida presupuestaria destinada a infraestructuras, aunque sigue siendo muy importante; se duplica la partida para apoyo a creación de empresas y empleo y también se incrementa a formación. Hacen falta más infraestructuras, sobre todo polígonos industriales; pero también fomentar la creación de empleo. En el apartado de formación, el programa Formica ha conseguido excelentes resultados, no sólo para las comarcas nuevas sino para las empresas que no podían crecer porque no tenían gente formada. Este programa les permite crecer a la carta. -El Plan del Carbón se ha centrado más en aspectos sociales que en cuestiones como la competitividad del sector. ¿Es acertado el planteamiento? -Efectivamente, y también afortunadamente, está muy dotado en este sentido. Los gobiernos siempre han tenido una voluntad clara de dar estabilidad al sector, pero eso ha sido un gran acierto, y no hay motivo para cambiar la filosofía en el plan actual. -Uno de los factores nuevos es el Protocolo de Kioto y el Plan Nacional de Asignaciones, que perjudica especialmente a las térmicas del carbón. ¿Se trata de una losa más sobre el futuro del sector? -Es un coste más, que convendrá repensarlo. No digo que no haya que aplicarlo, porque el efecto invernadero es cierto y hay que contribuir a reducir las emisiones a la atmósfera. Pero por ejemplo EE.UU. no lo firmó, primero porque no puede cumplirlo y también porque más pronto o más tarde hay que dar una solución al problema energético, bien por la vía nuclear o por la de la fusión. Esta última queda a más largo plazo, pero el debate sobre la energía nuclear habrá que abrirlo. Kioto es un castigo importante a la economía de las empresas, y obliga a replantearlo para adaptarlo con un ritmo más adecuado, y nunca drástico. -Comentaba antes que la minería a cielo abierto aporta un equilibrio a la economía de las empresas. Sin embargo hay un debate encendido entre los intereses de las empresas, el rechazo social y la defensa del empleo por parte de los sindicatos. -Los sindicatos llevan razón cuando dicen que la minería a cielo abierto genera menos empleo que la subterránea, pero la subterránea es muy onerosa, y una de las maneras de disminuir las pérdidas es compatibilizando su explotación con el cielo abierto. Permite estar en unos márgenes económicos tolerables, y de eso se trata, de estabilizar el sector. Respecto a la reclamación social no estoy de acuerdo, porque admitiendo la razón de los ecologistas en cuanto al mantenimiento de los entornos no se puede tolerar la exageración. Las minas a cielo abierto requieren un proyecto de explotación, pero también uno de rehabilitación y un proyecto de impacto ambiental. Eso supone presentar avales bancarios millonarios que garantizan que el espacio quede finalmente restaurado en su totalidad, sino el empresario pierde su dinero. Bajo el punto de vista legal está totalmente cubierta la eventualidad de que una explotación a cielo abierto quede en malas condiciones. Eso pasó hace muchos años, pero no puede ser que se siga pensando lo mismo, cuando hoy las exigencias que se hacen a los empresarios son muy importantes y garantizan la restauración total. Hay que llevar al ánimo de los ecologistas es que el desarrollo sostenible es posible. 1397124194

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