| Reportaje | La Bañeza: un desfile kilométrico |
¡Que nos quiten lo bailao y viva la fiesta!
La ciudad aprovechó ayer su última oportunidad de abandonarse al carnaval antes del piadoso entierro de la sardina
El carnaval 2006, por lo que a juerga se refiere, ya es historia. Los bañezanos hicieron ayer honor a su fama y lo aprovecharon al máximo, componiendo un desfile que incluyó también una nutrida representación de diversos pueblos del entorno. Un total de 37 grupos, diez carrozas -seis de ellas con sonido incorporado- y 13 charangas fueron los artífices de la multicolor comitiva en la que brillaron las dos reinas de las fiestas, Ivana Cabero y Sara Fernández, y la musa carnavalera, Andrea Gómez El cortejo tardó una hora en circular al completo desde su salida junto a la iglesia de El Salvador, de modo que, cuando la cabeza alcanzaba la plaza Mayor aún quedaban grupos pendientes de salir junto a la calle de la estación, indicaron fuentes de la organización. Así, el carnaval inundó buena parte de las calles y plazas de la ciudad, mientras los grupos competían en imaginación y originalidad. Así, además de los disfraces que muchos ya lucieron durante la jornada infantil del lunes, la de ayer deparó sorpresas como un equipo de bolos al completo -la Bolera Hander, por más señas-, un ejército de panteras rosas, vaqueros subidos en tiernos caballos blancos y otros acompañados de bailarinas de can-can, o una legión de sofisticados tigres que lucían plumas en sus cabezas. Detrás pasaron romanos y griegas -¿o eran romanas y griegos?-, tenistas de largas melenas, majorettes que mostraban sus habilidades de equilibrio con el bastón, unas superwoman muy minifalderas, y hasta unos militares con una oveja de mascota. Pero el despiporre llegó de la mano de unas bailarinas con primorosos tutús de color rosa, algo revoltosas, King África y sus gogós, e, incluso, el Príncipe y doña Letizia, acompañados de la infanta, que no dejaron de exigir el circuito recurriendo a ripios más o menos afortunados. Guerreros africanos, mimos que hacían figuras con globos, rockeros con la discoteca incorporada, girasoles, falleras, unos leones muy peleones, gangsters, goyescas y un rebaño de vacas con su pastor, todos tuvieron cabida en la fiesta de la máscara. Esto, por no hablar de los que iban por libre: un campeón de natación que portaba su pequeña piscina hinchable, el hombre del saco que miraba amenazadoramente alrededor en busca de niños malos, un payaso que corría arriba y abajo en su patinete, una gitana que lanzaba confetti, y tantos otros. En total, cientos de personas que hicieron las delicias de otras miles que invadieron, literalmente, las calles de la ciudad para no perder detalle del último desfile de carnaval del año. Hoy, los bañezanos serenarán su ánimo para acudir, a las 20.30 horas, al entierro de la sardina. La comitiva partirá del Bar Industrial y recorrerá Ramón y Cajal, Escultor Rivera, El Reloj y plaza Mayor.