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Un mundo desconocido

Publicado por
León

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Érase una vez... pero ¿por qué decir «érase una vez» si es un poco tontería y, además, es mentira en esta historia? Érase «dos veces» «dos mundos» con todo, todo igual. Pero... ¡no todo! Uno se llamaba Planeta Tierra y el otro, después de haberse llamado P. Mundo, P. Serta, P. Sapiens... en la actualidad se llama Planeta Pius (Planeta Inteligente del Universo Sirius). Un buen día, en la hermosa Tierra, un astronauta decidió (con permiso del Parlamento Mundial) irse a buscar vida en el infinito espacio. Ya despegado el cohete, dejó atrás su universo: lo sabía el astronauta porque ya no veía a su estrella, que se llama Sol. Por cierto, llevaba en su compañía un polizonte, su propio hijo, que se había colado en la nave por insinuación de su propio padre que tenía miedo a quedarse solo y, en último caso, por si fallecía, dado que su salud se encontraba ya un poco deteriorada y delicada. Y efectivamente, el tiempo fue pasando en ese intento de buscar y buscar y cierto día sucedió lo peor... y el padre... Afortunadamente el hijo, después de tantos años, sabía pilotar perfectamente una nave espacial. Cierto día, o noche, cuando ya perdía la esperanza de encontrar vida quedó sobresaltado... ¡una galaxia! Comenzó a observar y buscar en varios planetas y encontró uno que le llamó la atención. Parecía como los otros pero... ¡tenía agua! Parecía tener aire «normal» pero él sabía que en esas condiciones no podía haber vida...: el aire tenía un olor raro al que no estaba acostumbrado, los mares tenían «otro azul». Al acercarse con cuidado contempló ¡seres vivos! Se parecían mucho a los que él conocía. Pertenecían al grupo de los más importantes para su planeta: limpiaban su aire, les cambiaban dióxido de carbono por oxígeno, todo eran beneficio para los habitantes. Su mayor sorpresa fue ver un ave, o sea, un animal. Salió con precaución de la nave, se acercó a un ser humano y, con miedo, le preguntó: -Joven... señor... ¿usted también ve todo con una especie de humo? (porque el astronauta veía todo envuelto en una capa muy gris). -¡No...! -y se alejó con muy malos modales-. Nuestro amigo estaba acostumbrado a su planeta Tierra viviendo sin sentir la contaminación. Su vista no estaba acostumbrada a contemplar tal contaminación descomunal. Él observaba claramente todo aquel humo gris y negruzco que para los habitantes de PIUS era inapreciable e invisible. Y lo más doloroso era que aquella gente no estaba alegre. En los mayores observaba aquella abultada antipatía. A los niños, sin embargo, los veía tan inocentes... correteando y jugando por todas partes y escondites. En este momento el gran explorador desearía que todo fuera como en su planeta: la Tierra. Tras una larga visita por aquella ciudad tomó la decisión de no decir nada de su procedencia o su planeta. Tenía muchas ganas de contactar con sus mayores que, cuando lo vieran, se morirían a la vez de alegría y de envidia. Regresó con unas conclusiones muy claras que procuraría hacer llegar a todos los terrícolas: *El planeta Tierra no debía empeorar hasta llegar al estado del planeta Pius. Todos tenían que comprometerse a conservar la belleza de su planeta. La situación podía ser preocupante, pero tenía solución. El ser humano debe poner urgentemente manos a la obra y hacer pequeños arreglitos que frenen el deterioro de la contaminación. Nos esforzaremos en mantener la belleza azul de nuestro planeta. Se recordó de una frase que siempre decía su padre: «La contaminación de la Tierra es, en este momento, sólo como una verruguita; pero, ¡cuidado!, esa verruguita se puede infectar y llegar a causar mucho daño.

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