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A. Caballero - león
León

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El Pleno de ayer nació casi en la desembocadura de la pasada sesión, cuando, tras haber disertado sobre «los sueños salvajes de Saurina», el PSOE y la UPL decidieron levantarse aguijoneados por Rodríguez de Francisco. Y hubieran cogido el mismo camino si no llega a ser porque el alcalde decidió cerrar el paso al edil no adscrito, que hacía ejercicios zen para no entrar en el debate y miraba a la bancada de la oposición como Pujalte al ministro Alonso. Pero ni así logró mantenerse el tono de cordialidad con el que se empezó y los efluvios oníricos dejaron paso a «la pesadilla de la deuda». Saurina, que reconoció ser «políticamente incorrecto» y «tozudo», se calentó porque unos números se sumaban por un sitio y no se lograban restar por otro y acudió a los criterios de Salomón para salir del entuerto. «Ahora son ustedes los adalides de los proveedores», envió a socialistas y leonesistas, para rematar con una máxima: «Es muy fácil cuando no se gobierna». Con el silencio, sonó la melodía de La muerte tenía un precio en el móvil del pedáneo de Oteruelo y se descargaron las pistolas en La Lastra. El alcalde estaba cansado y decidió cerrar. Le habían recibido con besos por su vuelta de México y hasta la oposición deseó que las gestiones «hayan sido fructíferas». «Las relaciones externas», matizó uno por lo bajo.

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