| Reportaje | San Andrés del Rabanedo |

Del desierto al calor de un hogar

El alcalde recibe a un grupo de niños saharauis que pasan sus vacaciones en León y firma un convenio por el que el Ayuntamiento aporta 3.000 euros para ayudar a esta población

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Nuria González - san andrés
León

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«Muchas gracias». Con estas breves y escuetas palabras quiso mostrar su agradecimiento Baha, uno de los niños saharauis que este año pasará el verano entre familias de acogida leonesas. Unas palabras pronunciadas desde uno de los sillones del Salón de Plenos donde un total de 16 niños y sus familias fueron recibidos por el alcalde de San Andrés, Miguel Martínez y varios concejales. Este verano, cerca de 30 niños saharauis (80 en toda la provincia) pasan sus vacaciones con familias del municipio de San Andrés, León y otros pueblos del alfoz, dentro del programa «Vacaciones en paz». El alcalde dio la bienvenida a los niños y destacó el «esfuerzo, el trabajo y la solidaridad» que realizan las familias que los acogen «que no sólo les dan todo lo que necesitan sino también mucho cariño», dijo el regidor socialista. La visita al Ayuntamiento estuvo encabezada por el presidente de la Asociación Saharaui para el Desarrollo, Yahya Mohamed Chej, que agradeció la contínua colaboración del Ayuntamiento de San Andrés que se plasma con la firma de un convenio que sirve para promover la integración social de los saharauis en León así como para la realización de un proyecto de cooperación de acogida temporal de menores. Un convenio que se renovó ayer y mediante el cual el tercer municipio de la provincia aporta 3.000 euros. Esta cantidad servirá para sufragar el coste de los billetes de avión a los menores que son acogidos por familias del municipio, el coste de alquiler de vivienda y gastos de luz así como de alimentación para los monitores que vienen a cargo de los niños. Yahya Mohamed destacó que la situación de este colectivo es muy precaria en su país y resaltó la importancia del programa Vacaciones en paz, ya que a través del mismo los niños se realizan chequeos médicos, conocen otra cultura y la tolerancia. Añadió que en los campos de refugiados hay mucha demanda para que los niños participen en este programa, por lo que se delimitado la edad de 8 a 12 años. Al finalizar el acto los niños recibieron una mochila de regalo y disfrutaron de un pequeño ágape.

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