| Reportaje | Obras durante cinco meses |
«Menos gente y menos ingresos» en la trasera de la Catedral
Los autobuses se suben a la acera para intentar pasar y los peatones caminan por la carretera mientras las excavadoras pican el suelo. Es el día a día de la gente que vive en la avenida José María Fernán
«Aceras infranqueables, socavones en el asfalto, vallas que impiden el tránsito de peatones y una polvareda constante que inunda los pulmones e impide la visión de los peatones que intentan pasear por las aceras de la avenida José María Fernández», describen algunos comerciantes. «Los comercios ven cómo sus clientes se esfuman», afirman, a la vez que señalan que «la aparatosidad de las obras ha hecho que la mayor parte de la gente que normalmente paseaba por esta zona haya buscado caminos alternativos para ir al trabajo o regresar a casa». «Menos gente y menos ingresos», resumen. Mientras un autobús se sube en la acera de la curva de Ramón Cañas con José María Fernández por lo estrecha que es, Miguel Rubio observa con atención cómo el polvo se ha incrustado en las camisetas que vende en su tienda «¿Cómo voy a vender esto así?», se pregunta. Desde que comenzaron las obras en el mes de mayo, asegura haber perdido 6.000 euros. Cuando habla de octubre, momento en que se prevée que finalicen los trabajos sobre el asfalto, se pregunta de manera sarcástica «¿quién va a comprar los bañadores en ese mes?». «A lo mejor puedo venderlos en el Ayuntamiento. Sino, puedo encadenarme en las puertas del consistorio para salvar el negocio, o sacar a la calle un tenderete de chándals», ironiza. Enfrente de la tienda de deportes se encuentra una pastelería. Está vacía a las doce del mediodía «y llena del polvo de las obras». El dueño asegura que se ha visto obligado a alargar las vacaciones de sus empleados porque no puede mantenerlos con el volumen de ventas que tiene. «Fíjate si ha hecho daño esto a los comercios de El Ejido... es penoso», asegura. El tren turístico pasa por esta avenida, a pesar de las obras que se están acometiendo, mientras los comerciantes, que aseguran estar «indignados», se preguntan si ésa es la imagen que León quiere ofrecer a los turistas: «Excavadoras, tubos tirados por el suelo, obreros bajo el sol, ruidos de una taladradora y gente caminando por la carretera intentando no caerse entre agujeros y socavones».