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El perro que supo dar una lección
Érase una vez un pueblo llamado Condunse y dentro de ese pueblo había una casa en la que habitaban Lucía, su hermano Diego y sus padres. Un día, por el invierno, la familia paseando por el monte se encontró un perro negro con los ojos marrones. ¡Era tan guapo! Estuvieron un buen rato jugando con él. Era un perro vagabundo, no tenía a nadie. Diego dijo: ¿Por qué no nos lo quedamos papá? El insistió tanto que al final sus padres decidieron quedárselo. Un día en la casa de Diego y Lucía: El primero en levantarse fue su padre, se pegó una ducha de más de media hora. Mientras se cepillaba los dientes con el grifo abierto, tenía su café calentando. Se le pasó el tiempo y lo dejó que el café se calentara demasiado, y como no podía tomarlo, lo mezcló con otro más frío. Su trabajo estaba a 5 minutos caminando, y aunque no necesitaba el coche para su trabajo, fue en coche y tardó como no encontraba aparcamiento dio unas cuantas vueltas para poder aparcar. Se compró el periódico, y unas revistas, y sin apenas leerlas las tiró a la papelera. Su madre había dejado el grifo de la ducha de agua caliente encendido para que Diego no tuviera que gastar tiempo. Después de cepillarse los dientes se fue a la cocina a desayunar, pero se olvidó cerrar el grifo. Esa mañana de invierno, en la calle hacía mucho frío, Diego se puso a desayunar pero como en su casa hacía mucho calor, abrió la ventana. Su madre le llevó al colegio en coche para que no fuera andando. Después se levantaba Lucía, lo primero que hizo fue encender la tele, y se fue a la ducha. Lucía sí que tardaba en ducharse, cuando salió del baño no se veía nada del vapor que había. El perrito vagabundo, al que Diego puso de nombre Cares observaba el comportamiento de sus dueños. Un día cuando el padre de Diego estaba duchándose por la mañana, Cares comenzó a ladrar en el baño. El padre de Diego para que no se despertara el resto de la familia, se duchó más rápidamente. Mientras se cepillaba los dientes Cares con su patita cerraba el grifo que el padre de Diego dejaba abierto. El perrito cuando vio que el café estaba suficientemente caliente apagó la cocina. Cuando el padre se iba a trabajar, vio que el perrito estaba en la puerta con su correa en la boca, le dio pena y decidió que al ir a trabajar podía darse un paseo acompañado de Cares. Como todos los días compró el periódico y después de un vistazo lo tiró a la papelera, el perrito muy atento cogió el periódico y lo dejó en el punto de reciclaje de papel. El padre de Diego pensó que realmente su trabajo no estaba tan lejos. Diego se dio cuenta de que el perrito se estaba comportando de forma rarísima y les quería decir algo. Llegaron a la conclusión de que lo que les quería decir es que estaban gastando más agua y energía de la necesaria. Diego escribió en letras grandes un eslogan que decía: Lo que no gastes hoy lo tendrás mañana. La gente se dio cuenta de que ese eslogan lo decía todo, y que Diego tenía mucha razón. Al final fue un pueblo que daba gusto entrar allí.