El juicio está a la espera de la sentencia definitiva, prevista para las próximas semanas
Un grupo de presos propina una paliza al acusado de matar a las policías leonesas Una práctica muy habitual
El procesado tuvo que ser trasladado a un hospital pero pudo regresar a la cárcel poco después

Pedro Jiménez durante el juicio, flanqueado por dos Mossos d'Esquadra
Un grupo de presos, internos en la penitenciaría de Brians 2 de San Esteve de Sesrovires (Barcelona) propinó el pasado lunes una paliza a Pedro Jiménez, el acusado de haber dado muerte de forma especialmente cruel a dos policías leoneses en octubre del 2004. Pese a que no sufrió heridas graves, Jiménez fue trasladado en la jornada del mismo lunes a un centro hospitalario para ser atendido y poco después fue devuelto a la prisión, según ha informado a la agencia Efe el departamento de Justicia de la Generalitat. Pedro Jiménez espera en Brians 2, en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona), la sentencia de la Audiencia de Barcelona, que el pasado julio lo juzgó como acusado del doble crimen ocurrido la mañana del 5 de octubre de 2004. Ese día aparecieron muertas a puñaladas y con signos de haber sido víctimas de abusos sexuales dos agentes en prácticas del Cuerpo Nacional de Policía, Aurora R.G.nacida en Toral de los Guzmanes y Silvia N.G., natural de Noceda del Bierzo en el piso de L'Hospitalet del Llobregat (Barcelona) que compartían, que fue incendiado. La fiscalía solicitó una condena de casi 103 años de prisión para Jiménez por dos delitos de asesinato, agresión sexual, profanación de cadáver, incendio, robo con violencia, robo con fuerza y allanamiento de morada. El departamento de Justicia también ha informado de que otro interno, que cumplía una condena de tres años y medio de prisión por un delito de violencia doméstica que finalizaba el octubre, no regresó ayer tras un permiso de fin de semana. Los responsables del centro penitenciario buscan al preso, al tiempo que se ha ordenado reforzar la protección de la víctima. Versión contradictoria A lo largo del juicio, el imputado ha afirmado que él no tuvo nada que ver en los hechos, trató de inculpar a otra persona a la que no pudo identificar y señaló que las relaciones sexuales que mantuvo con una de las víctimas fueron plenamente consentidas, a pesar de caer en numerosas contradicciones a lo largo de su declaración en la vista oral. También explicó que la ropa que se encontró en una bolsa, después de haberse cambiado, estaba húmeda a consecuencia de un baño que se había dado con una de las jóvenes en la bañera del piso de Hospitalet en el que residían, y al que luego presuntamente prendió fuego para tratar de eliminar las pistas. El Ministerio Público solicita una pena de más de cien años para el acusado, mientras que de momento no se conocen más datos respecto al periodo de espera que se habrá de acometer todavía hasta que se firme el fallo por parte del juez que se ha encargado del caso. El asunto conmocionó en su día a la provincia leonesa y al país entero, a la vista de la crueldad con la que se produjo. Resulta relativamente frecuente que se produzcan sucesos de estas características en las prisiones. El «código moral» de los reclusos rechaza todo tipo de acciones de violencia sexual contra las mujeres, motivo por el que los reos condenados por delitos de carácter sexual, bien sean agresiones o violaciones, son frecuentemente fruto de ataques de estas características de forma indiscriminada.