El misterio rodea a la desaparición de señales de limitación de peso en la red provincial
La falta de señalización deja impune el paso de camiones por las travesías
Crece la indignación vecinal por la falta de atención a la seguridad vial en los pueblos
Un camión de gran tonelaje sobre una vía igual de ancha que el vehículo
La inexplicable desaparición de incontables señales de tráfico en las carreteras de la red provincial de León permite el paso impune de camiones de gran tonelaje por vías y travesías urbanas que, de otra forma, estaría prohibido. La falta de señalización repercute directamente en el riesgo que sufren los habitantes de cientos de pequeñas localidades de León, desprotegidos de forma absoluta ante el tráfico pesado y el abuso de los camiones de gran tonelaje ante la pasividad de las autoridades ante este fenómeno. La situación de peligrosidad que soportan a diario cientos de personas no cuenta para los responsables de la seguridad vial ni las administraciones responsables de las carreteras -”caminos vecinales asfaltados en muchos casos-” que parecen ajenas a la amenaza que el tránsito de vehículos capaces de cargar hasta 40 toneladas origina en la actividad cotidiana de los peatones.
Las protestas vecinales por el paso de los grandes camiones no ha bastado para sensibilizar a las autoridades. Tras el anuncio de los responsables de la jefatura provincial de tráfico de que no iban a tomar medidas excepcionales de control por el abuso de los camiones en las condiciones de circulación en las carreteras ajenas a la vigilancia la situación de peligro se ha acentuado incluso. «No se entiende que tenga más valor diez ruedas de un camión que la vida de una persona, pero así es, y así se demuestra a diario», protestan las víctimas de la situación, cada vez más extendida por la provincia y localizada especialmente en las zonas de montaña. El paisaje desde el que se producen las denuncias retrata carreteras de una calzada tan amplia como la anchura de los camiones que las recorren, travesías en las que el vehículo pesado roza con la carga el alero de las viviendas y, sobre todo, velocidad. «¿Alguien de esa gente que nos niega auxilio estaría dispuesta a vivir a los pies de 40.000 kilos a 80 por hora? Pues nosotros tampoco. Que pongan señales de limitación», claman las víctimas