| Reportaje | La cruda realidad del día después |
Este ángel ya llevaba las alas puestas
La familia del teniente Álvarez Cubillas agradece las innumerables muestras de condolencia recibidas y ensalza la dedicación de Roberto: «Llevó la aviación en las venas hasta el final»
león
«A los 18 años ya tenía claro que quería ser piloto de aviación. Los demás hermanos hemos estudiado en la universidad y decidimos el camino que queríamos seguir, pero él desde que acabó en el instituto, tenía claro que quería hacer del avión su vida». Rosana Álvarez Cubillas, la hermana del teniente del aire Roberto Carlos Álvarez Cubillas, ya dio muestras el día del sepelio de una entereza de acero al leer un comunicado entrañable en nombre de la familia, pero al día siguiente aún guarda fuerzas para ensalzar la figura de su hermano.
«No salieron plazas para Canarias en la primera promoción suya y entonces tuvo que elegir Albacete. Quería pilotar un F-1 como fuera, le apasionaban los cazas y Los Llanos era la única base en la que podía hacerlo. Estuvo cuatro años en la Academia de San Javier (Murcia) y el quinto año lo pasó en Talavera la Real (Badajoz). Luego le entregaron el despacho de teniente y ahí fue cuando ya se trasladó a Los Llanos (Albacete)», explica Rosana.
La familia niega que en ningún momento se hubiera sentido cansado de la aviación o que estuviera pensando en el traslado: «Volar era su vida y su ilusión y así murió, pilotando un avión. Estuvo haciendo lo que le gustaba hasta el último día, como el había querido. Tenía 50 horas de vuelo en este avión, pero de experiencia tenía muchísimas más, llevaba volando muchos años».
Una familia de tradición aeronáutica
Su hermana Noelia le regaló una maqueta del Eurofighter estas Navidades: «Nos hizo mucha ilusión porque cuando lo vio, enseguida dijo que iba a ser el primer Eurofighter de Albacete. Quería estar dos años pilotando el Mirage F-1 y luego pasarse al Eurofighter en cuanto les llegara. Por eso nos hizo gracia regalárselo. Cuando entré en su habitación en la base, me imaginé que no habría empezado a montar la maqueta todavía, porque era un poco dejado para esas cosas. Por eso les pedí a sus dos compañeros que montaran la maqueta y que cuando la tuvieran terminada, la dejaran expuesta allí, como recuerdo». La familia cuenta con una larga tradición aeronáutica: «Tenemos dos primos en la base de La Virgen del Camino y otros dos en Torrejón de Ardoz».