Reportaje | carmen tapia
«Sólo quiero lápices»
Treinta y ocho menores malgaches cantan contra la explotación
Los menores disfrutaron de una mañana de juegos.
Pierety tiene trece años. Hace uno que acude al colegio que la Fundación Agua de Coco tiene en Madagascar, su país. Los voluntarios de la oenegé se fijaron en ella como en otros 30.000 niños y niñas que tienen a su cargo que sobreviven con mínimos recursos y se ven obligados a trabajar desde niños para ayudar a sus familias. Pierety se ocupa de sus tres hermanos menores mientras sus padres acuden a trabajan a las salinas. Pese a su corta edad, es la encargada de vigilar su casa -”un chamizo de paja-”lavar y preparar los alimentos, que consisten en maíz y mandioca (tubérculo). Pierety forma parte del grupo de treinta y ocho menores del grupo «Malagasy Gospel», que levantan sus voces para hacer visible su situación, su vida, sus derechos y sus esperanzas de futuro. El coro entonó ayer en León sus canciones reivindicativas. «Lo que más me gusta de España es poder pasear, los juegos, la piscina y ver a la gente por la calle», explicaba ayer Pierety mientras disfrutaba por la mañana de las actividades organizadas para los niños en el parque de San Francisco. Su dura experiencia vital no le ha restado brillo a sus ojos ni aparta la sonrisa de sus labios. «Me gusta la paella, el arroz con pollo, la fruta y los yogures»-” dice-” «tengo ganas de volver a mi país para contar a mis amigos todo lo que he visto». Pese a todo, piensa unos segundos la siguiente respuesta: «sólo quiero llevarme la mochila cargada de lápices y bolígrafos para la escuela». Y su sueño se ha cumplido. Es el primer paso para su futuro, «tengo muchas cosas en la cabeza, pero no sé todavía que quiero ser de mayor».
A su lado está Lidia, de once años. Esta niña de la calle también acude al colegio de Agua de Coco. Tiene padre y madre, «la mayoría no tienen padre», dice el responsable de la fundación que la acompaña y que hace de intérprete. «Nadie de mi familia tiene trabajo», comenta. Para los padres de estas niñas la educación es una inversión de futuro que no entienden en su esquema vital diario de vida, de supervivencia. Las niñas van al colegio media jornada y el resto del día lo dedican al trabajo con su familia. Lidia lo tiene más claro «quiero ser funcionaria, pero sé que tengo que estudiar mucho para conseguirlo».
Durante la entrevista, el grupo malgache se divierte en el parque y no para de cantar. Otras niñas se acercan al banco del parque donde esta redactora conversa con sus compañeras. Tras saludar con un beso, una de ellas extiende propaganda del concierto, «es gratis»-” dice-”, «me gustan los aplausos». «La mayoría son niñas porque Agua de Coco trabaja mucho el género, la mujer ayuda a la familia», afirman los coordinadores.
El programa de sensibilización sobre la explotación laboral infantil que la fundación desarrolla en España busca el apoyo social a la infancia. Por eso piden la colaboración de todos los leoneses. «Con diez euros cada uno de estos niños come un mes entero», afirman. Toda la información de la fundación y el trabajo de Agua de Coco está en la página web -”fundacion@aguadecoco.org-”
Agua de Coco saca adelante los proyectos que tiene en Magadascar gracias al trabajo de noventa trabajadores y diez cooperantes.