El Papa premia la labor que realiza en Tejas un agustino de Villacontilde

Telesforo Reguera, de 74 años, es un icono para la comunidad hispana en el denominado Triángulo de Oro, donde se acumulan pozos y refinerías petrolíferas

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pilar infiesta | redacción
León

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La labor pastoral que desarrolla Telesforo Reguera Blanco desde hace casi cuarenta años en el estado norteamericano de Tejas no ha pasado desapercibida a ojos de Benedicto XVI. Su influencia sobre la comunidad hispana, que ha convertido a este agustino nacido hace 74 años en el pequeño pueblo leonés de Villacontilde en un auténtico icono para la población católica, es clara.

De ahí que el Papa haya decidido premiar los desvelos de este sacerdote concediéndole la medalla Pro Ecclesia et Pontifice (por la Iglesia y el Pontífice), una de las condecoraciones más importantes con las que el Vaticano premia a miembros del clero y laicos que se han distinguido por su servicio a la Iglesia y al máximo Pontífice.

El padre Blanco, como es conocido allí, llegó a Tejas el mismo año de su ordenación sacerdotal, 1960, para trabajar en las parroquias que la provincia agustiniana de Castilla tenía encomendadas en el conocido como Triángulo de Oro, en el sudeste de Tejas, una de las zonas con más pozos petrolíferos y refinerías de Estados Unidos.

La región pertenecía entonces a la diócesis de Galveston-Houston, que pasó posteriormente a integrarse en Beaumont. La parroquia de La Guadalupe, nacional mejicana también, está en la ciudad de Port Arthur y, a pesar de que sus parroquianos son de clase modesta, «dispone de magníficas instalaciones levantadas a lo largo de los años por los diferentes agustinos españoles que la han regido», explica el padre José Antonio Giganto, recién llegado a León de la zona.

Giganto también recuerda que hace poco, el padre Blanco convirtió en realidad uno de sus sueños: levantar en terrenos de la parroquia un espectacular santuario a la Virgen de Guadalupe que ahora visitan miles de peregrinos provenientes de todas las partes del país.

Del carácter del leonés destaca que es abierto y afectuoso, que ha organizado grupos de jóvenes, mayores, padres y profesores, entre otros, y que se ha adaptado «muy bien» a la vida en Tejas «por su flexibillidad para escuchar y actuar», lo que se ha traducido en una gran influencia sobre la comunidad hispana.

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La ceremonia de entrega de la medalla se realizó el pasado día 23 de noviembre en la catedral de Saint Anthony, con participación del obispo de la diócesis de Beaumont, quien hizo entrega de dos medallas, una para el padre Blanco y otra para el navarro Luis Urriza. Durante la celebración, el prelado informó a los asistentes de que los galardonados no habían sido nombrados Monseñores Asistentes al Solio Pontificio porque, por derecho consuetudinario, los religiosos no pueden aceptar dicho honor. El padre Urriza, con 87 años, es el sacerdote más anciano de la diócesis de Beaumont. Lleva casi 60 años trabajando entre inmigrantes mejicanos. Poco después de su llegada a la zona, y con enormes dificultades económicas, inició en Beaumont la parroquia de Cristo Rey, que no tiene un territorio definido, sino que asiste a los mejicanos de la ciudad, vivan donde vivan.