recuerdos de la cárcel

«San Marcos debe un recuerdo a las víctimas del franquismo»

José Luis Gavilanes, que sufrió prisión y un consejo de guerra en los setenta, reivindica señales que atestigüen que el parador fue un campo de concentración

León

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Tras investigar las víctimas leonesas de los campos nazis, particularmente a Prisciliano García Gaitero, uno de los pocos supervivientes, prepara un libro sobre Hipólito Romero Flores, que fue catedrático de Filosofía del Instituto Padre Isla y autor de cinco notables libros. «Encarcelado en octubre de 1936 en la prisión de San Marcos, Romero salvó, sin duda, la vida, gracias a la intervención de doña Irene Rojí, la mujer de Martínez Anido, entonces Ministro de Orden Público del primer gobierno de Franco, quien para ello dio la orden de su traslado a Valladolid. Paradójicamente, en un diario inédito de 1918, Romero había arremetido contra Martínez Anido, represor de anarquistas en Barcelona, a raíz del asesinato de Eduardo Dato, que le había nombrado Gobernador de aquella plaza. Evidentemente, Martínez Anido no sabía nada del diario de Romero Flores», cuenta Gavilanes.

Otros represaliados tuvieron peor suerte. Como Joaquín Heredia Guerra, íntimo amigo de Romero y compañero de filas en Izquierda Republicana. Heredia fue «paseado» el 22 de noviembre de 1936, según el testimonio de Crémer ( Libro de San Marcos y Ante el espejo ) y un poema del propio Romero Flores. Gavilanes intenta reconstruir la memoria de este personaje, que fue inscrito por su viuda siete años más tarde en el Registro Civil de León como fallecido por «accidente de guerra» y enterrado en La Mata del Moral, Mansilla de las Mulas (aunque su lugar más probable sea La Cenia, lugar colindante, cuya fosa está por descubrir).

Contribución a la memoria. «Es mi pequeña contribución de homenaje a las víctimas», señala. José Luis Gavilanes se muestra crítico con la recuperación de la memoria histórica: «Se ha borrado absolutamente todo lo que recuerde que San Marcos fue un campo de concentración por el que pasaron 7.000 víctimas. No pocas sólo salieron para morir y otras murieron en él».

Y lanza un reto para la memoria de la ciudad: «Es un oprobio para las víctimas, para la Historia y para el propio edificio, ocultar que en él se cometieron crímenes contra la humanidad; al contrario de Alemania y Austria, que han querido dejar al descubierto toda la barbarie nazi de los campos de concentración», subraya.

Como represaliado cree que «no hay reparación posible». Conoció la prisión del Paseo del Parque, en el año 1968, y fue sometido a consejo de guerra (causa 68/68) por «asociación ilícita», tipificada como «rebelión militar», que marcó su vida junto a la de Carlos Pérez-Alfaro, Matías Martínez, Wenceslao Benito, Gerardo Gutiérrez, José Luis Gavilanes e Isabel Serrano. Curiosamente, José Luis e Isabel no se conocía n y siguen sin conocerse.

Tenían entre 17 y 24 años y fueron acusados por asistir a reuniones periódicas, particularmente a las «asambleas de Comisiones Obreras», que se celebraban en la margen derecha del Bernesga, con una petición fiscal por tal «delito» de doce años y un día de reclusión. «No te digo qué hubiera pasado si las reuniones hubieran sido en la margen izquierda», bromea. También les acusaron de repartir el Mundo Obrero y Nuestra Bandera y «sembrar la ciudad de pegatinas antiimperialistas».

Entre el 30 de octubre y el 10 de noviembre de 1968 «cayeron» en León y en Valladolid. José Luis Gavilanes ingresó en la prisión el 31 de octubre y salió el 5 de noviembre, «al ser sobreseídos mis cargos por el Tribunal de Orden Público». Dos años después fue nuevamente detenido y encarcelado -”del 15 de enero al 3 de marzo de 1970-” a raíz de la decisión del Tribunal Supremo de atribuir una parte de los cargos a la jurisdicción militar. El resto de implicados: Matías, Carlos y Wences, junto a Clemente, hermano de Matías, serían juzgados también por el TOP.

Gavilanes recuerda la detención y el registro a las siete de la mañana: «Se llevaron, entre otras pertenencias, un libro sobre la revolución cubana, el diario del Che Guevara, La incógnita del hombre , de Alexis Carrel, en francés, y La suma teológica de Santo Tomás de Aquino».

Contaba 24 años y trabajaba en los Almacenes de Roma 40, pero aquella mañana no se presentó a trabajar. Su destino fue la comisaría: «Era el mismo edificio de hoy, pero aquellos calabozos eran inmundos. Mi madre quiso pasarme una manta y unos bocadillos, pero el jefe de la Brigada Político Social del Noroeste, Claudio Ramos Tejedor (un afamado represor de la cuenca minera asturiana), dijo que sólo si me portaba bien».

«En la primera entrevista fue correcto, incluso cordial, pero a las cuatro de la mañana ya fue otro cantar. En el interrogatorio estaban, además de Ramos, el comisario local Asenjo, que era amigo de mi padre y de mi tío, y un inspector, probablemente Fuentes, brazo derecho y ejecutor de Ramos. Como no respondía lo que querían -”los nombres de los que estaban en Comisiones Obreras-” el tal Fuente me pegó un guantazo que me tiró de la silla. Les miré con todo el odio que pude concentrar y dije: No digo más de lo que he dicho. Sólo hablaré ante el juez».

Seis meses y un día. Un frío día de enero de 1970 fue detenido nuevamente, ahora en el trabajo, y encarcelado hasta que les concedieron a todos prisión atenuada. Allí se encontró con Carlos, Matías y Wences, que llevaban en prisión desde noviembre del 68.

En principio fue destinado al economato y se empleó a fondo en la lectura: «La cárcel me motivó para hacer una carrera», admite. El 24 de octubre de 1970 tuvo lugar el Consejo de Guerra, en el cuartel de Almansa, y fue condenado a la pena de seis meses y un día. Por contabilizarse el tiempo de reclusión y el de prisión atenuada no ingresó de nuevo en la cárcel.

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Al salir terminó el bachillerato y se presentó en Salamanca a las primeras pruebas de acceso a la Universidad para mayores de 25 años: «Eran tan duras que sólo aprobamos tres, curiosamente cada uno nos especializamos en un idioma distinto: portugués, alemán e inglés, ocupando luego una plaza de profesor en la misma universidad».