Reportaje | L. urdiales
Agua donde no llega la UME
Miles de ciudadanos recuperan la normalidad con la subida de temperaturas
El pulso al invierno, eso d e medir la eficacia política con copos de nieve, tiene las horas contadas. Basta con echar una vistazo a la provincia leonesa para ver que el contribuyente ya no traga. «Siempre ha nevado, hombre; no hace falta que vengan a decir que nos van a rescatar del invierno cuando nadie ha podido con el invierno», protestan vecinos de la provincia leonesa, hartos de que cada vez que nieva pase lo que los políticos se empeñan en decir que no va a pasar. Ayer por la mañana había cientos de kilómetros de carreteras de León sobre los era temerario circular. No por dos metros de nieve; por una fina de capa blanca que cayó sobre otra lámina de hielo. «Fundentes, fundentes», se quejaban los usuarios que mientras esperaban a que llegara una máquina quitanieve -”que no llegó-” se les abrieron los cielos a la vez que las carreteras. Cuando el copo se hizo lluvia, la vialidad regresó a la provincia.
La secuencia es una estampa propia de estas tierras de clima severo y frío recio, que en invierno suele castigar con nevadas que impiden a sus habitantes moverse a gusto. Es la consecuencia de la latitud norte, a pesar del inconveniente que para los efectos estacionales supone el gasto público en vialidad invernal.
«Algún año llegará por aquí», se quejan en una localidad al noreste de la provincia, donde la UME sólo entra por las imágenes de los informativos de las teles regionales y en las portadas de algún periódico (si el rotativo pasa el corsé invernal).
«No sé, me gustaría saber cómo tendríamos que hacer para que esas máquinas y esos soldados lleguen a estos pueblos», se queja la alcaldesa pedánea de una localidad con nieve tiesa y dura a base de soportar durante la última semana temperaturas con veinte grados por debajo de cero. «Es que aquí no tenemos toneladas de sal para echar cuando llega la nieve, que es la única solución para evitar que luego haya hielo: yo entiendo que en las ciudades donde tienen tanto dinero para disponer de miles de toneladas de sal o fundentes se puedan evitar esos colapsos, se tira sal nada más que cae la nevada y se acabó el problema, o casi todo, pero en pueblos como éste no hay otra forma. Por eso hoy para nosotros empieza a solucionarse el inconveniente de la nieve del pasado miércoles, porque ha empezado a llover, ha subido la temperatura y la nieve comienza a ablandarse».
Y así supera León, con la ayuda del cielo y un frente que manda un viento suroeste que empuja la cota de nieve unos cientos de metros más arriba, el último reto invernal que le ha enviado el clima. Así fue desde in hilo tempore, antes de que el Gobierno creara a la Unidad Militar de Emergencias para interpelar a las nevadas, una especie de ejército de salvación al que sólo empata la lluvia. Y la sal a tiempo.