Reportaje | maite almanza

Terapia a 40 kilómetros por hora

Expertos y aficionados al deporte de las dos ruedas coinciden en que la denominada mototerapia potencia la reactivación sensorial de discapacitados como los que ayer disfrutaron en La Bañeza de esta actividad

Una moto clásica que participó en la actividad, durante el recorrido por el complejo.

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León

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El recinto del centro Nuestra Señora del Valle se convirtió ayer en un improvisado circuito urbano, habilitado en una ciudad que respira amor a las motos por sus cuatro costados. Desde todas las esquinas se dejaban sentir los rugidos de las máquinas, y eso que la velocidad máxima que alcanzaron los conductores fueron los 30 o 40 kilómetros por hora. Eran suficientes para que la asociación Moteros Solidarios contagiara su pasión por las dos ruedas a los sesenta discapacitados que participaron en paseos a bordo de diversos modelos de motos. En su mayoría, eran modernas, de entre 125 y 1.200 centímetros cúbicos, aunque por el complejo también se paseó una moto clásica dotada con un sidecar.

Un total de 25 moteros residentes en distintos puntos de la provincia, como León, La Bañeza, Astorga o Carrizo, compartieron parte de su tiempo libre con los residentes del centro. Sus parejas colaboraron en la organización de la zona de subida y bajada y en el relevo de los discapacitados. Incluso personas con problemas de movilidad, previa ayuda de personal especializado, pudieron beneficiarse de esta iniciativa. «Viajan en moto de asiento ancho, con cofre, y se les pone un cinturón de sujeción especial», indicó Ramón Carro, presidente de Moteros Solidarios.

Cerrado. Los conductores daban dos o tres vueltas al recinto, cerrado previamente, «para que no tenga aplicación la ley de seguridad vial y no sea necesario ponerles el casco, ya que entran en pánico si se intenta», apuntó Carro.

La psicóloga clínica Ángeles Fontanilla, colaboradora de la asociación, indicó: «Llama la atención que los discapacitados más profundos, al iniciar la actividad, sienten miedo o inseguridad, pero cuando aparece en ellos el recuerdo, se sueltan y se abandonan a esta sensación». «Algunos de los profundos no hablan pero reproducen con sonidos guturales el ruido de la moto», apuntó Carro. Por su parte, José Ramón Guijo, trabajador del área de Dinámica del centro, estimó que actividades como ésta contribuyen a estimular la actividad sensorial de los discapacitados. La asociación participará en un estudio para comprobar los efectos de esta terapia en el colectivo, dijo Carro.

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Moteros Solidarios volverá al centro el próximo 15 de julio, para reeditar esta iniciativa con un grupo de discapacitados que recorre el Camino de Santiago.