Diario de León

Reportaje | Ana G. Valencia

Con prisa, sin pausa y a lo loco

La carrera volvió a congregar a multitud de intrépidos pilotos, desde un torero a un astronauta, dispuestos a llegar a la meta sin más ayuda que la inercia

Los autos desfilaron ante un público uniformado con las gorras rojas que repartió la organización

Los autos desfilaron ante un público uniformado con las gorras rojas que repartió la organización

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León

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A lo loco, esa es la consigna de esta popular carrera que cada año congrega a más público y más pilotos, donde lo importante no es sólo ser el primero, simplemente es llegar a la meta.

Con un sol de justicia vecinos y visitantes se congregaban a ambos lados del circuito de 1200 metros que sirvió como rampa para que esto autos empujados por la inercia se deslizaran desde la parte más alta del monte de Cimanes, bajando a toda velocidad por la avenida Rabosa y para terminar en el parque público. Antes de llegar a la meta las curvas endiabladas harán la pifia a los pilotos y serán la delicia de los espectadores.

Esta hazaña, que acaba en el mismo río Órbigo, contó en esta octava edición con 94 autos locos y 112 pilotos, venidos no sólo de la provincia de León, si no también de Madrid, Barcelona, País Vascos y por supuesto Galicia y Asturias, que ya son míticos en esta odisea.

No sólo se premia a los tres primeros que lleguen a la meta con el mejor tiempo de los posibles, la originalidad del vehículo cobra un protagonismo especial en la carrera, por ello desde un torero, un astronauta, veloces patinadores o coches biplaza acondicionados para la ocasión se tiraron sin pensárselo dos veces cuenta abajo. Los participantes, son intrépidos pilotos y el abanico de edad que contempla va desde la pilota más jovencita con solamente dos años, hasta el más veterano de todos los conductores con cerca de noventa años. Dos vueltas al circuito y la de reconocimiento como el «mismísimo Alonso» suponen que sin duda que la diversión esté asegurada.

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