Diario de León
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Opinión | félix llorente

cronista de mansilla de las mulas

Dos circunstancias llevaron a Mansilla desde la época medieval a ser capital de su comarca y a erigirse como villa mercantil: el entronque de caminos, con el Camino de Santiago a la cabeza, y las ferias y mercados que comenzaron a florecer con los privilegios reales y el trasiego de mercaderías. La plaza del Grano, que anteriormente algunos dicen que se llamó plaza Mayor, con sus soportales alrededor y sus tiendas y comercios al fondo, porticada como está, sirve para guarecerse a la gente en días de frío y lluvia. En esta plaza se han venido celebrando, desde la Carta Puebla de 1181, todos los martes del año, los mercados semanales. Ahora cada semana se puede adquirir ropa, zapatos, utensilios, bisuterías y comestibles. Antes se vendían pollos de corral, conejos, huevos de pueblo, castañas, nueces, avellanas, escabeche, e hilaturas. El mercado más famoso y conocido, es el Martes Castañero, que se celebra el martes anterior a la Navidad y donde, en otros tiempos, se surtía uno de las ricas castañas, y de todo lo necesario para celebrar las fiestas navideñas sin ningún problema.

En las ferias de San Martín la plaza del Grano tomaba importancia especial para los chavales, pues hasta los años 70 era el lugar donde se montaban los artilugios feriales: coches de choque, tómbolas, tiovivos, casetas de tiro y churreros. Además, los charlatanes exponían sus habilidades dialécticas, y los fulleros hacían el día con sus juegos de cartas. Todo un espectáculo ferial al completo. Esta plaza también tiene historia. En la parte que da para el postigo de la muralla, se encontraba el rollo jurisdiccional, que era una columna de piedra rematada por su picota. Los penados se ataban de pies y manos a sus argollas para común escarmiento. Menos mal que en la actualidad es el lugar de bailes, festejos y reuniones, en las ferias medievales y del tomate, así como en las fiestas patronales.

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