Reportaje | maría carnero

San Pedro de Eslonza, la sombra de lo que fue

Gradefes busca financiación para museizar los restos del monasterio

Estado actual del monasterio.

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León

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Los restos que aún se conservan del monasterio de San Pedro de Eslonza están ya en manos públicas después de que sus propietarios, los herederos de la familia asturiana Álvarez-Estrada, cedieran su titularidad al Ayuntamiento de Gradefes. El pasado 14 de diciembre del 2010 se formalizó la firma de esta cesión entre los herederos del monasterio y la alcaldesa de Gradefes, Ana Isabel Ferreras. Para la regidora socialista comienza ahora la búsqueda de financiación pública, entre las distintas administraciones, para llevar a cabo uno de los proyectos culturales más interesantes de la provincia, la consolidación de las ruinas del que fuera el segundo monasterio benedictino más importante de León, después del de San Benito de Sahagún, la museización de sus restos para hacerlos visitables y la realización de un estudio de la planometría del templo y otro de su historia. Todos estos datos, junto a las fotografías antiguas del edificio, cedidas por la familia, y algunos de los objetos de culto que se logren recuperar, ya que muchos de ellos están desperdigados por muchos pueblos de la zona, se recopilarían en un centro de interpretación.

El primer objetivo del Ayuntamiento, después de conseguir la titularidad del templo, es el de cerrar el recinto, para evitar el expolio de sus piedras y de restos del edificio, aunque según la alcaldesa «gran parte por desgracia ya se lo han llevado».

Después se procederá a la limpieza del claustro, y se tratará de recuperar el suelo original, tapado por la maleza y por las piedras acumuladas. «El objetivo de todo este proyecto de recuperación de los restos del monasterio es el de estudiar sus orígenes y tratar de averiguar cómo era el edificio original, con sus diferentes estancias, y explicar a todos los visitantes la importancia que llegó a adquirir este edificio del siglo X», explica la alcaldesa de Gradefes.

El templo fue levantado en el año 912 por el primer rey de León, García I, en las inmediaciones de Santa Olaja de Eslonza, a 22 kilómetros de la capital leonesa, y brindado a la orden benedictina. Poco tiempo después, en el año 988, las tropas cordobesas de Almanzor irrumpen en territorio leonés arrasando los monasterios que encuentran a su paso, entre ellos el de Eslonza. Después de cien años de abandono y lánguida subsistencia, se produce una nueva rehabilitación en el 1099 por parte de la todavía infanta Doña Urraca, a quien había pasado la propiedad por derecho hereditario. Doña Urraca, otorga al monasterio nuevas e importantes donaciones, que serán el origen de un nuevo y próspero florecimiento, llegando, con el tiempo, a adquirir un gran prestigio hasta convertirle en el segundo claustro más poderoso e importante del Reino, tras el Monasterio de San Benito de Sahagún. En el siglo XVI se realiza una nueva e importante reconstrucción, en la que llegó a trabajar Juan de Badajoz, y a la que con posterioridad se le añaden variantes arquitectónicas que darán lugar a un edificio de estilo renacentista que acabará por completo con la arquitectura del antiguo edificio medieval. En la primera mitad del siglo XIX, se produce la Desamortización de Mendizábal que originó la exclaustración y el posterior abandono del monasterio, que poco a poco se fue desmoronando.

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Algunos de los bienes muebles se rescataron e se instalaron en la iglesia de Villamañán, como las campanas, el coro y el retablo central. También, en la iglesia parroquial de Palazuelo de Eslonza, se conservan, entre otros muebles de Eslonza, un importante cuadro de escuela velazqueña que representa un crucificado y partes importantes de un retablo. En la iglesia cercana de Villarmún, existen dos pequeños retablos del monasterio. A pesar de esto, abundantes bienes muebles de gran valor propiedad del monasterio desaparecen. En cuanto a la fábrica, los restos arquitectónicos que logran sobrevivir, son declarados Monumento histórico-artístico, por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, el 4 de junio de 1931, sin que esto impida su abandono y ruina.