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León

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Caretas y máscaras llegan de antaño a la actualidad cuando el Ritual del Jurru no se ceñía a una tarde, sino a los cuatro días de carnestolendas, en las que se jurraba a las mozas de Alija del Infantado con las diabólicas tenazas con las que el ejército de jurrus asusta a los visitantes y con las que, hasta hora, pelean con los esbirros de Doña Cuaresma, los birrias, hasta que, finalmente, el bien se impone al mal y el Gran Jurru recibe su castigo en la hoguera.

Antes de que el ritual se ciñera al sábado, algunas jóvenes no salían de sus casas, ante la posibilidad de que los enmascarados las abordasen para jurrarlas y darles las mazaculas , es decir, mantearlas, algo que jamás se hacía con un varón, al menos, en antruejo.

Con el tiempo, la historia pasó a narrarse y se eligió como escenario de fondo el castillo de los Pimentel y el Ayuntamiento, con una música de ambiente de ritmos étnicos y la narración, durante un buen número de años, del ex alcalde José Antonio Prieto. Ahora, Doña Cuaresma y doña crisis económica exigen al antruejo austeridad.

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