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Martín Martínez
León

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Querido hermano: Dime si no es una matraca lo del 23 F. Pregunta: ¿A quien le ha interesado que el trigésimo aniversario se celebre por todo lo alto? ¿Se rascó bola en el décimo, en el vigésimo, en el vigésimo quinto? Como si de otro año cualquiera se hubiera tratado. Uno ha visto de siempre -y los años de algo valen para la memoria, sea o no histórica- que estas fechas, con el cincuentenario, y no digamos el centenario, son las indicadas, las más propensas para rememorar los acontecimientos, sean fastos o nefastos que, como diría el Guerra hay gente pa to . Pero el trigésimo, eso del «año 30 del abortado golpe», no sé, hermano, me suena así como un poco a chufla; o barrunto que algunos, viendo que de aquí a veinte años se les pasaría demasiado el arroz, encendieron el fogón y a cocinar.

Y a esta distancia, querido, todos estuvimos allí; y todos sufrimos las consecuencias de la demencia de aquel chalado y de quienes estaban detrás. Y todos fuimos unos héroes. Por eso me han hecho gracia las manifestaciones de una señora, que por entonces tenía menos de diez años; una intuición infantil y una madurez inusitada para su edad desplegó, por lo que pudiera ocurrir con la toma del Parlamento. Pon atención, hermano, a tal niña, que sigue con cara de no romper un plato y acaba de postularse como futura jefa si ello fuera preciso para salvar este país llamado España; a la vez que ha manifestado reciclarse en lo referente al nacionalismo exacerbado que manifestó en más de una ocasión públicamente. Eso sí que es sacrificarse por la Patria. Aquella precocidad política, ahora un poco mayor, y ministra de Defensa por gracia de Zapatero, sigue llamándose Carmen Chacón. También ella vivió aquella jornada y pasó miedo. Coño, claro, todos pasamos miedo; el que lo niegue miente como un bellaco; unos más que otros, cada uno por su razón y cuenta. Aquella niña, de diez años, guardaba cosas, ha dicho, por si acaso. Pero ya está bien de matraca que llevamos días y días sin parar.

Matraca llevamos años dando con lo de Gersul y esas compensaciones que van a pactar; y mira tú, no nos han llamado para lo de la comisión, lo cual puede que corrobore el pálpito que me da de que pagan las reuniones; con un saco al hombro, te he dicho más de una vez, podemos llevar nuestra basura de varias localidades en torno; y sin embargo hemos de apoquinar como los de las extremaduras riañesas o ancaresas. Sólo (que siga acentuado) pido que lo aprueben antes del 22 de mayo; que dejada pasar la fecha ya podemos pensar en las calendas griegas.

Matraca me parece lo que está sucediendo con nuestras murallas. Tal vez no me lo han explicado bien; o quizás, hermano -y esto es lo más probable- es que soy muy torpe, tengo las entendederas más bien cortas y los cables se me cruzan con demasiada frecuencia; y no es del riego, que también, sino de la edad. Por eso no acabo de entender a la Comisión de Patrimonio con lo del adefesio porticado de los Redentoristas, y otras medidas, como el proyecto de restauración y recuperación del teatro Gullón. Y que conste, querido que lo doy por bueno si recuperamos un teatro del que tan necesitada está la ciudad. Pero... aún no sé si no hay más de una vara de medir; acuérdate del tendero del pueblo cuando recogía el abasto de garbanzos y solicitó de la hija la romana para el peso: padre, dijo, ¿la romana, de comprar o la de vender? Pues eso. Son muchos los astorganos que creen que el tratamiento de la fachada sobre la muralla podía ser distinto. Canta como un ratero ante la Guardia Civil en la postguerra. No obstante, como las modas, y los modos, cambian tal vez se convierta en modelo para proseguir la restauración y buscar la integración con la actualidad. Que tampoco es mala medida.

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Me quedaba lo del Gabilondo que ya encontró acomodo en la pública cuando están despachando a los jóvenes. Eso le pasa por dar la matraca. Y la que nos queda con las elecciones. Nolete dixit.