Francisca Prieto, en su vivienda de Viforcos.

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León

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Francisca Prieto, Quica, una de las habitantes más apreciadas de la localidad maragata de Viforcos, ha cumplido cien años pidiendo «salud» cuando se levanta cada día. Con cinco hijos, diez nietos y ocho bisnietos, Quica recuerda los avatares de una vida que comenzó en una casa de la localidad, situada junto a la iglesia. Por aquel entonces su padre, Nicolás, ejercía de maestro en el cercano Pradorrey y recuerda cómo acompañaba a su madre, Juana, a visitar la escuela. Ahora reside en Cataluña, junto a una de sus hijas, pero no deja de pensar ni un día en las gentes de su pueblo, al que se traslada cada verano. Enviudó joven, con 38 años, una circunstancia que la obligó a aprender a luchar por la vida para sacar adelante a cinco hijos en plena posguerra, «aún recuerdo como si fuera hoy mismo el invierno en que murió». Se casó con Agustín, que trabajaba en la mina, el 24 de mayo de un año, 1939, en el que apenas un mes antes estallaba la Guerra Civil. Los recuerdos penosos no eclipsan, sin embargo, los buenos momentos de los que ha disfrutado en su larga vida, los bailes en la plaza del pueblo, las fiestas -”«entonces se celebraban varias al año»-”, el buen ambiente entre un vecindario que apenas rondaba los 85 vecinos. Esta maragata centenaria recibe, además de dar, mucho cariño de un pueblo que está muy orgulloso de ella y de los cien años de historia viva que acumula.

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