Un viaje a 3.450 metros de profundidad

Endesa busca en el subsuelo de Tierra de Campos un espacio idóneo para almanecar C02 líquido.

Maquinaria empleada en los sondeos.

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d.l. mirantes | león
León

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Un viaje a 3.450 metros de profundidad para comprobar la composición y estructura del subsuelo de Tierra de Campos. Esa es la misión que deben completar los técnicos de varias multinacionales contratadas por Endesa, que ya operan en la comarca de Sahagún para encontrar un ubicación capaz de almacenar C02 en estado líquido. Lo que persigue la investigación es encontrar un estrato bajo el subsuleo de composición porosa capaz de almacenar el elemento por encima del cual debe existir otro estrato de mayor densidad que actúe como un tapón natural.

Para ello, se ha desplegado un enorme dispositivo de investigación con máquinas preparadas para realizar prospecciones a 1.600, 2.500, 2.150 y 3.450 metros de profundidad. La tarea que llevan a cabo estos investigadores consiste en perforar el subsuelo para habilitar el lanzamiento de sondas que tomen muestras de las mismas entrañas de la tierra. Una vez tomadas las muestras se estudian y se analizan en el laboratorio y los técnicos toman la decisión de si la zona es apta o no para el almacenamiento de C02. Según los técnicos, la operación se puede comparar con la práctica de biopsias en el campo de la medicina. Se toman muestras, se analizan y se determina su naturaleza.

En estos sondeos participan tecnólogos de primer nivel mundial, contratados por multinacionales como Weatherford, Halliburton y Schlumberger. También participan pequeños contratistas locales que proveen de diferentes servicios a los miembros de la expedición. La plantilla la forman más de 200 personas con cerca de medio centenar de personas por turno. Los sondeos pueden tener hasta doce meses de duración, tiempo por el que Endesa y los propietarios de las fincas formalizan un contrato de arrendamiento, que autoriza a realizar la investigación.

Los sondeos buscan localizar bolsas en las que depositar el sondeo a profundidades mínimas de 1.800 metros, cotas que quedan lejos de las capas por las que suele circular el agua de consumo humano, por lo que el almacenamiento no conllevaría ningún riesgo de contaminación.

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El viaje está iniciado ya, pero las primeras metas no se verán completas hasta finales del 2012, cuando empiecen a llegar los primeros resultados.