La ‘maragatina’ brilla en Luyego
La patrona de la Maragatería reúne a miles de personas en Los Remedios.
Dos generaciones de maragatos
Al son de las castañuelas, de la chifla y el tamborín, los maragatos honraron a su patrona en la ermita de Luyego de Somoza. Miles de personas llenaron cada rincón del pueblo, engalanado para la cita con flores, banderines y cintas. Los Remedios multiplicaron la población local, que tampoco escatimó finura para vestirse con el atuendo tradicional, lo mismo ellas que ellos.
A la una de la tarde ‘la maragatina’ cruzaba la pancarta de ¡Viva la patrona de la Maragatería! Entre la multitud de fieles que abarrotaban la entrada al templo. Precedida por el colorido ramo, los vecinos se rindieron a su Virgen, que procesionaron por el centro del pueblo antes de la vuelta a la ermita bajo los arcos de flores.
Cientos de fieles dejaron su exvotos con sus peticiones o agradecimientos para la virgen y decenas de velas rojas adornaban las puertas de la ermita, en contraste con la decoración floral del interior.
La misa mayor —hubo una cada hora— fue multitudinaria con decenas de personas que no pudieron acceder al santuario y que esperaron en la explanada o guardando sitio para el tradicional canto del ramo y para el corro de bailes maragatos de después.
Al ritmo de las castañuelas, unas cuarenta parejas rodearon el monumento al tamboritero, a la espalda de la ermita, en uno de los momentos más emotivos de la fiesta. Los mozos se esforzaron con las ‘zapatetas’ ante sus parejas al final de cada canción y varios expontáneos se metieron al corro sin pensarlo dos veces.
Tampoco faltó la feria de productos típicos como los ‘perdones’ —avellanas—, las castañas o las madreñas; Y no tan típicos como paraguas antiviento, motosierras o esponjas limpiacristales.
Algunos se decantaron por el pulpo ‘a feira’ y los restaurantes locales, pero muchos de los visitantes reservaron su sitio por los prados cercanos para comidas campestres, donde no faltaron ni la tortilla ni la bota de vino.
A pesar de la fecha, la jornada estuvo marcada por el buen tiempo reinante a lo largo de toda la cita. No asomó ni una nube y la buena temperatura invitó a dejar la chaquetina en el coche, cosa poco habitual otros años donde la cazadora era indispensable, casi a cualquier hora del día.
Por otra parte, la Junta Vecinal habilitó varios aparcamientos en solares aledaños al pueblo para dar servicio a la afluencia masiva de turismos y autobuses, que hizo necesaria la actuación de la Guardia Civil para regular el tráfico en los accesos.