Valdefresno
Los secretos del ‘Manuscrito de Astorga’ ven la luz en la Ergástula
Un libro desvela la ejecución de las 36 moscas del documento.
Pedro Trapiello, José Luis García González y la concejala Mercedes G. Rojo, en la presentación.
Moscas en la Ergástula. Ni molestan, como las de la canción de Serrat, ni traen polémica, como las de Arroyo, en León capital. Son patrimonio leonés y, hasta hace poco, un enigma que ha resuelto el leonés José Luis García González y cuya solución se expone en Pluma, seda y acero. Las moscas del Manuscrito de Astorga , editado por Everest.
El libro llegó ayer a Astorga, con su autor y apadrinado por Pedro Trapiello. García, aficionado a la pesca, se enamoró del manuscrito, atribuido a Juan de Vergara y que continuó un autor anónimo, «hace dieciséis años», relató a este periódico. En él se presentan 36 modelos de anzuelos de mosca para la pesca de la trucha, «diseñados con una complejidad que impidió que se construyeran hasta el momento». Sin embargo, el estudioso del manuscrito entendió lo que otros no pudieron leer y las construyó, pese a que se utilizan hasta «cinco hilos de seda distintos para hacer el cuerpo y cinco tipos de pluma diferentes para las alas» en el primer tratado de montaje de moscas de la historia. «Inglaterra, que se atribuye la paternidad de estos anzuelos, con los que se pesca en todo el mundo, recoge doce sencillas moscas de fácil ejecución», razón por la que García gonzález afirma con rotundidad el desconocimiento de un patrimonio netamente leonés: «No sabemos lo que tenemos aquí. Ya en 1624 se pescaba a mosca, era habitual, y la construían sin casi herramientas, sosteniendo en una mano el anzuelo y seleccionando los materiales con la otra».
En un manuscrito de unas veinte páginas, el pescador de la ribera del Bernesga descubre «otra riqueza: un lenguaje gremial, que se usaba en León para denominar las plumas, los colores, las formas...». Pluma seda y acero muestra el montaje de las 36 moscas gracias a excepcionales fotografías de Imagen MAS, pero «hace 400 años, cuando no existía la fotografía, disponían de un rico lenguaje con el que describir con exactitud el material». Y, así, utilizaban «verde como ocas, carne de doncella, para el rosa... Un lenguaje al que no quitaría una coma si no dispusiera de la fotografía», señaló.
«El día que conseguí ver cómo eran las moscas me sentí pagado» por los 16 años de trabajo y, lejos de diseñar las excepcionales moscas y sacarles un rendimiento económico con su construcción, puso su ejecución al alcance de los «millones de personas que hoy pescan a mosca en todo el mundo.
Pesca y patrimonio y un original perdido desde que, en 1964, la Diputación, tras desencuadernarlo para encuadernarlo de nuevo, regaló el manuscrito a Franco. Gracias al dentista Jesús Pariente, que lo fotografió en el proceso, aún se puede acceder a este patrimonio escrito.
García González agradeció a la Universidad de León que le facilitase plumas de sisón y zarapito real para su propósito.