«Aquí sí que me dejan contarlo»

El Museo de la Siderurgia y la Minería presenta hoy la primera fase de la investigación para preservar el legado de los mineros y su forma de vida.

El museo de Sabero sigue entrevistando a mineros para preservar su legado.

León

Creado:

Actualizado:

«Aquí puedo contarlo, en casa ya no me dejan contar nada». Las viejas historias de los mineros de las cuencas de Sabero, Ciñera, Matallana o Cervera ya no sólo son anécdotas para repetir, se han convertido en legado a conservar. El que llevan recopilando desde hace más de tres años los responsables del Museo de la Siderurgia y la Minería de Sabero, y es sólo la primera fase de uno de los objetivos fundamentales de esta institución: preservar la herencia de las cuencas, sus oficios, su lenguaje, sus herramientas,...

«La minería es más que una profesión, es un modo de vida, quienes han sentido así lo llevan dentro y no olvidan sus detalles». Roberto Fernández, director del museo, presenta esta tarde la primera serie de documentales y entrevistasd el proyecto de investigación Memoria Oral de la Minería, un acto que contará con la presencia de más de 60 personas que han escrito, y ahora han contado, la historia de las cuencas.

Un trabajo de recopilación. Casi 150 entrevistas a mineros de las citadas cuencas, que en el próximo año se ampliarán a los trabajadores de las minas de Barruelo y Fabero. «Hemos hecho el trabajo bruto, y hay que organizarlo, transcribir, ordenar la documentación por profesiones, cuencas,...» Al final habrá una web donde los investigadores podrán consultar un enorme legado sistematizado, y también dvd que abarcarán la información organizada por temas. Y no se descarta que varias pantallas en el propio museo lancen los mensajes que quienes vivieron una época que hoy está a punto de perderse.

«Aunque tenemos pocos medios, la investigación es un aspecto básico de la actividad del museo». Fernández, como sus compañeros y como otros dos colaboradores en Santa Lucía y Cervera, han realizado las entrevistas, que han sido editadas por Juan Marigorta. «Un trabajo muy digno para los medios de que disponemos, pero ahora lo importante es preservar esa herencia, no podemos perder tiempo».

El hilo común de los relatos que han desgranado quienes trabajaron dentro y fuera de las minas es «prácticamente el mismo, no hay grandes diferencias por cuencas. Pero sí lo hay entre quienes trabajaban en empresas grandes, con explotaciones más modernizadas y bien organizadas; y los que hablan del trabajo en aquellas pequeñas explotaciones y chamizos. A veces te llevas las manos a la cabeza».

Un modo de vida. Las entrevistas, con un guión que pretende rescatar las peculiaridades de los distintos trabajos, herramientas, labores, etc.; deja sobre todo vía libre al relato de las experiencias. «Hablan de la mina, pero también de la familia, la sociedad, incluso la Guerra Civil». La investigación ha comenzado por los más mayores, pero abarca también a los trabajadores en activo, a los jóvenes.

«Hay miles de anécdotas, situaciones sorprendentes. Pero lo que más llama la atención es la colaboración que presta la gente, sus ganas de contar cómo vivían y cómo trabajaban. Y sorprende sobre todo cómo recuerdan los nombres de sus compañeros, las herramientas, cada detalle de aquellos accidentes que sobresaltaban a las cuencas de cuando en cuando». Roberto Fernández sabe por su propia experiencia, pero también por la que mana de esta investigación que «los mineros llevan la profesión metida muy dentro».

Aunque reconoce que se ha perdido gran parte del legado de aquellos antiguos mineros, considera fundamental recuperar en lo posible los detalles de profesiones ya desparecidas, de métodos de trabajo que ya no existen». En estos tres años casi 20 de los entrevistados han fallecido, otros ha muerto o el alzhéimer se ha llevado sus recuerdos. «Su testimonio es muy valioso, si no lo preservamns en 20 años esta cultura se habrá perdido».

La cultura minera pervive hoy, aunque ha cambiado mucho. «La mina engancha, siguen hablando de ella con cariño». Pero los viejos mineros tienen un sabor agridulce: «Trabajaron tanto en las explotaciones para al final cerrarlas, y ahora el futuro es más incierto que nunca».

Recuperar su memoria, su tiempo, sus historias, es una de las tareas que el director del Museo de la Siderurgia y la Minería considera se ha impuesto como de las más importantes. «Es un legado para todos, también para sus familias. Muchos nos dicen: menos mal que aquí nos dejan contar estas cosas, en casa ya ni quieren oir hablar de ellas».

Cargando contenidos...

Ellos tienen mucho que contar. Y la sociedad, mucho que no olvidar.