BICENTENARIO DEL SITIO DE ASTORGA | LAS CORTES DE CÁDIZ OTORGAN EL TÍTULO DE BENEMÉRITA
La ciudad que cambió la suerte de la guerra
El asedio evitó que las tropas imperiales enviasen refuerzos, contribuyendo al éxito de Wellington en Arapiles.

Fusileros franceses guardan ayer las armas mientras sus compañeros toman una cerveza.
La Guerra de la Independencia esquilmó todos los recursos de la Astorga. El precio de sus laureles se tasa en una brutal pérdida de población, de 3.000 a 450 habitantes durante el conflicto, según explicó ayer el historiador e impulsor de las recreaciones napoleónicas en Astorga Arsenio García Fuertes, datos que obtuvo del archivo municipal. Una población diezmada y arruinada por las exigencias franceses, que se mantenían con los recursos del país conquistado. «Sin intendencia, el avance de las tropas era más rápido», explicaba.
El segundo sitio que se puso a la ciudad, por el que se expulsó a los franceses, fue uno de los hechos que cambió el curso de la guerra, junto con la batalla de Arapiles (Salamanca), en la que las tropas del Duque de Wellington consiguieron la victoria sobre las tropas imperiales gracias a que el asedio, apuntó García Fuertes, «impidió a los franceses mandar tropas de refuerzo». Además, Napoleón acaba de iniciar la campaña de Rusia, lo que le impedía enviar nuevas tropas a España. Astorga y los Arapiles suponen dos heridas de muerte al imperio francés: la guerra sólo se prolongará un año y medio más desde su estallido en 1808.
Astorga se revela como una importante plaza «por su posición estatrégica como nudo de comunicaciones. Hasta el punto de que los franceses le habían otorgado la capitalidad de León». Santocildes la ve como salida del VI Ejército al Reino de León y Castilla y como punto por el que aislar a las tropas francesas de Asturias con respecto a las de la meseta.
Los generales Castaños, el campeón de Bailén (1808), que supuso la primera derrota en batalla de un ejército napoleónico en batalla y José María de Santocildes, huido de su cautiverio en Francia tras haber defendido Astorga en 1810, dirigieron unas operaciones que por las que las Cortes de Cádiz dieron a la ciudad el título de Benemérita para la Patria, «distinción que no llegaron a otorgar a media docena de ciudades», apuntó el historiador astorgano.
El sitio se prolongó durante 67 días, entre los meses de junio y agosto, con la fachada de Astorga que mira al Bierzo, la barriada de Rectivía y la zona sur-occidental de la muralla como zonas de la ciudad que más daño sufrieron el ataque español, manifestó Arsenio García.
Sin medios
«Los españoles, mal abastecidos por la penuria que sufría el país, sufrieron más necesidad que los asediados» y, sin embargo, los opresores rindieron la plaza «por hambre». Santocildes relató en su Resumen histórico de los ataques, sitio y rendición de Astorga , impreso en 1815. La falta de caballería y artillería del VI Ejército para acometer la industria de salir de Galicia, en especial de la falta de artillería —«contra toda regla de ataque podía sin duda (como se vio) presentar el sitiado mayor número de piezas y de mayor calibre que el sitiador»— y de munición para las piezas lo que obligó a «contentarse con un fuego lento» y a utilizar «cuantas municiones se podían recoger de las que disparaba el enemigo». El militar barcelonés, cuyos restos reposan hoy en la catedral de Astorga, relató que «más era asedio que sitio» y apuntaba la imposibilidad de usar «granadas para incomodar a la tropa enemiga, pues el daño recaía en los infelices moradores de la ciudad», súbditos españoles.
«Un sitio que en pocos días e hubiera concluido teniendo todos los medios necesarios se prolongaba más y más por esta falta: lo que daba lugar a que aquellos que por ignorancia se atienen solo a los resultados criticasen la conducta de un ejército que, sufriendo más de lo que era imaginable, no conseguía lo que deseaba», lamentaba el que fue gobernador y libertador de la ciudad. El VI Ejército optó entonces por las trincheras como medio de acercarse a los muros que cobijaban a los franceses, desalojando por ataques bruscos a los enemigos de todos los puntos exteriores, exceptuando los reductos, y se empezó la mina contra el recinto de la plaza» y entrar en ésta.
La penuria de medios no fue óbice para que el Duque de Ciudad Rodrigo solicitara a Santocildes «alguna fuerza que no juzgase necesaria para continuar el sitio de Astorga, en una maniobra para distraer a las tropas francesas y unirse a Wellington en Arapiles, si bien no llegó para la contienda.
Los franceses entregaron la ciudad cuando las tropas de auxilio se hallaban a unas ocho horas de alcanzar Astorga. Los buenos oficios de Castaños sirvieron para hacer creer a los sitiados de que los refuerzos no llegarían. Posteriormente se dinamitaron las murallas que faltan hoy para evitar que se volviera a utilizar Astorga como fortificación.