El ajo no envejece en Santa Marina
Más de 15.000 personas y 130 puestos de ajos, escabeche y artesanía animaron la centenaria feria que se celebra desde 1162. La nueva pasarela sobre el río se convirtió en un mirador para los fuegos artificiales.
Los 70 puestos de ajos se asentaron en la plaza de la Iglesia, como es tradición, Las ristras de 20 cabezas se ofrecían a 10 euros.
A sus 850 años de edad, la Feria del Ajo de Santa Marina del Rey demostró ayer que aún goza de excelente salud y que ni la crisis le saca arrugas. Las calles de la villa volvieron a bullir con decenas de puestos de artesanía, escabeche, pulperías, ajos sueltos, en ristra, morados y blancos que lograron atraer a 15.000 personas, según los cálculos del alcalde, Francisco Javier Álvarez. El regidor reconoce que esta cita, que se repite cada 18 de julio desde 1162, es una marca de identidad de Santa Marina «por la que seguimos apostando, porque es una plataforma de presentación para el resto del año de la hostelería y el comercio de la zona, las piscinas y áreas recreativas que tenemos».
Esta edición, Álvarez incluso ha contabilizado mayor presencia de vendedores, llegados desde Fresno de la Vega, Villares, Zamora, Palencia y Extremadura, que instalaron 70 puestos de ajos y 60 de artesanía, junto a otros stands con artículos de todo tipo. La población local se volcó con la fiesta, cumpliendo el viejo refrán de «hay que hacer feria. Y así contribuyen desde el niño al que le compran un pequeño juguete, al padre que adquiere una cartera y ajos, por supuesto», explica el alcalde.
La jornada se completó con exposiciones de motocicletas, pintura y fotografías, demostraciones de enristrado, el concurso de ajos, y una exhibición culinaria en directo como aderezo de las quintas jornadas gastronómicas que se prolongan hasta el día 22, y en las que participan ocho establecimientos de la provincia. En los fogones, Jesús Prieto y su hijo, del restaurante Serrano de Astorga, que prepararon ante el público unos canutillos rellenos de crema de ajo y frambuesa y una ensalada templada de garbanzos pico pardal, bacalao y ajos de Santa Marina.
«Hay que buscar la sorpresa, lo nuevo con una hortaliza que es sanísima, antiséptica, buena para el reuma, las verrugas y hasta la hipertensión», explicó el cocinero que ha inventado los chips de ajo «dorados y crujientes» y la pomada de ajo «que no repite». Otro atractivo fue la nueva iluminación interior de la Torre del Reloj, que permite contemplar con mayor nitidez la maquinaria modelada en 1599 por el cerrajero leonés Antonio de Villafranca y que costó 1.500 ducados. Más de 500 personas ascendieron ayer los 64 peldaños de la escalera interior de la torre de 17,5 metros de altura para observar el engranaje del mítico reloj y su leyenda, mientras abajo, vendedores y compradores regateaban por ristras de ajos de 10 euros las veinte cabezas. «La esencia de esta Feria, que son los ajos y el chicharro de tino, no ha cambiado», según el escabechero de Benavides Ángel Cuervo, que acude a este mercado desde hace 58 años, siguiendo la tradición de sus padres. A su juicio, «cada vez hay más mezcla y otros puestos. Antes la gente comía y merendaba aquí, y ahora es más de paso; ya no vienen los autocares cargados con asturianos porque el 18 era fiesta nacional, pero la villa sigue teniendo gancho y es la única feria de León que ha sabido mantener su esencia. Santa Marina es Santa Marina», remarca. El colofón de fuegos artificiales convirtió en un mirador a la nueva pasarela de 120 metros sobre el río.