Diario de León
Publicado por
martín martínez
León

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Querido hermano: Defraudados de la Hacienda española. Ahora comprendo, por qué desde 2008 andamos todos los españoles a gatas. La ruina de nuestra Patria se ha debido, querido, a que este tu hermano —no contemos el desfile militar de 2007 en León— hizo su declaración de la renta defraudando a todos los españoles. Entono el «mea culpa» pues desde entonces no levantamos cabeza en este país.

Allá por junio, cuando aprieta la calor, nuestro amigo Julián Benito, mandamás de la Agencia Tributaria de Astorga, me remitió una atenta carta. Me indicaba que, tal vez, debido a un error, a un olvido o un traspapeleo, no había declarado, del ejercicio 2008, unos ingresos. Como entiendo tanto de estos asuntos tributarios, decidí ir a su despacho. Allí, con su santa paciencia, puesta a prueba por mi inutilidad en esos menesteres numéricos que vuelven tarumba a gentes como yo, me explicó de pe a pa el asunto. Lo cierto, querido, es que no entendí mucho, bueno absolutamente nada, pero la cosa me la dejó clara y nítida porque confío ciegamente en Julián: Dos puntos para aclarar: Tu hermano, que aquí lo tienes para lo que gustes, había defraudado a la hacienda pública, que es lo mismo que defraudar a todos los españoles en aquella declaración correspondiente a 2008. Por lo cual la Agencia Tributaria me sancionaba, incluyendo los intereses que se devengaban hasta esta fecha, en 213 euros con 2 céntimos. Al final de la carta me invitaban a poder presentar alegaciones, que obvié con la visita a Julián.

Debió ser un traspapeleo hermano. Aquel año de 2008 me encargaron unas chapucillas la Universidad de León y la Real Academia de la Historia. Bien pagadas fueron, hermano, pues entre las dos escasamente sobrepasaron los 225 euros. Al menos me dieron para pagar la multa. Si bien las facturas de ambas instituciones no las archivé en el apartado correspondiente y eso fue el motivo de hacer la tal declaración con fraude incluido. Por si acaso —y fiado del buen consejo de Julián— el día cinco de septiembre realicé el ingreso de los 213 euros con sus dos céntimos para que los intereses no aumentaran; ello fue un justo castigo al fraude que había cometido poniendo en peligro, como así fue, la estabilidad económica de España. Por supuesto, no tuve en cuenta el último párrafo de la carta en el que me daba la oportunidad de presentar las alegaciones consiguientes. Pienso hermano que a los que defraudan miles, o millones, también les enviarán la carta; aunque uno se escama al ver desfilar «eres» y «gurteles» de los que todos salen indemnes. Por cierto, he de decírselo a Julián; no me ofreció ninguna ventaja o moratoria como la que se les hace a los grandes evasores. Cosas, hermano.

Claro que a uno se le alegra la pajarilla con lo de los presupuestos estatales que dicen van a terminar el Gullón y nos prometen un AVE para la próxima década por los raíles de la vía de la Plata. Quiera Dios que lo veamos, aunque sea para no verlo. Es buena manera de contentar a los pueblos, aunque fíjate que en León ya andan enredando los mojones y tocando los «fitos» de los astorganos con un posible desvío en Benavente y dejar nuestra estación del Oeste en adil como la dejó Felipe González en 1985. No sé, querido, si nuestra doña Isabel tendrá algo que ver en la cosa. Aunque, después del rescate que programó para la casi difunta Red de Ciudades, uno anda escaldado y como los gatos, huye.

De este rescate al que, inicuamente, ha ayudado la otra doña Isabel, Isabel Borrego —con perdón— secretaria de Estado de Turismo, o algo así, como de esas carreras por relevos en el Camino de Santiago, patrocinadas por la Diputación tergiversando la esencia del camino, algún día te contaré. Cuídate.

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