Diario de León

matanza de los oteros

El orgullo de ser mayordomo

Un agricultor de 41 años protagonizará este año La Cañamona, que data de 1595.

Roberto Garrido y Germán Revuelta, en la ermita de la Virgen del Rosario de Matanza.

Roberto Garrido y Germán Revuelta, en la ermita de la Virgen del Rosario de Matanza.

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pilar infiesta | redacción
León

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El número 6 de la calle San Pedro de Matanza de los Oteros se convertirá el próximo sábado, día 6 de octubre, en un polo de atracción para decenas de personas deseosas de ‘atrapar’ avellanas, degustar un buen chocolate y vino de la zona. Es un acto de generosidad que se repite desde hace 417 años, durante las fiestas patronales del primer fin de semana de octubre, gracias al convite que organiza el Mayordomo de turno de la Virgen del Rosario, conocida popularmente como La Cañamona, porque la talla primitiva fue localizada entre cañamones o cañaverales.

El peso de la tradición de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario (1595), que regula la organización de esta curiosa cita desde el siglo XVI, recae este otoño en Roberto Garrido Merino, un agricultor de 41 años de edad, padre de una niña que ya está inscrita en la hermandad, y que, según reconoce, ha preparado 250 botellas de vino y 400 kilos de avellanas. A los cofrades se las entregará en la calle con una medida de madera, muy antigua, denominada Mortera. El resto «se tirarán al alto para que las cojan quien acuda», explica. Sólo el chocolate, encargado en Valencia de Don Juan, se distribuirá en el patio de su vivienda.

El privilegio y el deber de ocupar el cargo de Mayordomo sólo se concedía a hermanos de más de 50 años hasta hace unas décadas, pero el descenso de población ha roto ese esquema y ahora se nombra al mayor de los jóvenes cofrades. También por primera vez en los últimos cinco siglos, el año pasado la cofradía abrió las puertas a una mujer. Un ejemplo que este año ha imitado otra lugareña de 38 años de edad que, como reza la tradición, deberá ayudar a partir los frutos secos.

Una tarea «sencilla».

«La celebración de este acto nunca se interrumpió», indica, sólo se han modificado algunos aspectos, como el pago de sanciones por no asistir a las procesiones, en maravedíes, reales de vellón, pesetas y euros. Además de convidar a las típicas avellanas, los Mayordomos se encargan durante un año del cuidado de la ermita de la Virgen, de acompañar con una Cruz a los difuntos, junto con los dos miembros de mayor edad de la cofradía, que portan las pendonetas, y de procesionar la talla en Pascua. «Ha sido una tarea sencilla y me han ayudado bastante», reconoce Garrido. Los preparativos incluyen la recogida de leña para la hoguera, o la llegada de las avellanas, que se anuncian con el lanzamiento de cohetes.

Las fiestas comenzarán el día 5 con el pregón y la quema de la madera, que debe ser de encinas y robles. Le seguirá una exhibición de fuegos artificiales, la salve en honor a la Virgen del Rosario y la verbena. El Mayordomo finalizará su labor en la procesión del domingo, con el intercambio de puestos en favor del nuevo encargado, Germán Revuelta, un autónomo de 42 años.

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