Los ladrones sangran explotaciones agrícolas, cobertizos y merenderos

Gasoil, herramientas y aperos son el botín que obtienen los maleantes en los pueblos

Aperos y naves apartadas del centro de las localidades son los principales objetivos de los delincuentes.

Publicado por
A. Domingo | Redacción
León

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 El robo del busto de Marco Aurelio, pieza que lucía orgullosa en la espadaña de la parroquia de Quintana del Marco hace volver la cabeza, nunca mejor dicho, hacia las oportunidades de negocio que brinda a los delincuentes habituales el medio rural. Al margen del emperador que se hizo san Pedro en la torre de Quintana, parece que a muchos maleantes les vale con rapiñar todo aquello susceptible de venderse como chatarra. Es todo cuestión de economía: escasa inversión y beneficio seguro. Y si los robos en el medio rural no han aumentado, «se mantienen», asegura el secretario general de Asaja, José Antonio Turrado.

El robo de la imperial cabeza ha permitido saber que en Quintana del Marco los maleantes han entrado en tres casas algo apartadas, llevándose de una un ordenador, dinero en otro caso y gasoil en la tercera. Además, ejemplos cercanos de expolio de los pueblos los hay en Castrocalbón y Valdefuentes del Páramo. Aunque en los que se han recabado, los ladrones no asaltan viviendas. Se esconden en la despoblación y saquean merenderos y naves cercanas a las localidades, donde encuentran todos aquellos enseres que luego les dan el beneficio.

En menos de un mes

El 22 de enero, en Castrocalbón, dos cobertizos, antiguos apriscos, y un merendero fueron saqueados. Los tres se encuentran fuera del casco urbano, explicó el alcalde, Luis Cenador. «En uno se llevaron las palas del tractor, un depósito de gasoil y una vigas de hierro. Del segundo, cogieron unas ventanas de PVC, de segunda mano, que tenían almacenadas y todo lo que se podía vender». El merendero, cercano a la gasolinera que hay en la carretera de Camarzana, los maleantes atroparon vajilla y cubiertos. Cenador destaca, además, que en el vecino Jiménez de Jamuz, término de Santa Elena, una pequeña caseta de recreo «de un amigo» también fue asaltada: «De allí se llevaron todo, hasta el Fairy y un horno de Pereruela».

También el hartazgo y la impotencia se ha instalado en Valdefuentes. Hay quien ha sufrido hasta tres visitas de los maleantes. El robo más sonado fue el perpetrado en un molino junto a la Presa Cerrajera. Bien conservado, guardaba en su interior piezas de valor etnográfico. En una primera incursión, los ladrones, que venían de cometer sus fechorías en otra propiedad del mismo pueblo, rompieron la puerta para ver el contenido, pero no tocaron nada. Lo dejaron para la siguiente ocasión, de la que ya han pasado tres semanas.

Dicen en el pueblo que fueron muchas las piezas que desaparecieron y que, aunque no se usan ya, «tienen valor en un anticuario». La lista de objetos sustraídos es, efectivamente, larga, desde tornillería hasta limas y piquetas, cepillos, rodiezmos, engranajes, aperos de trilla y hasta una noria con todas sus piezas, de las que antes sacaban el agua de los pozos con tracción asnal. Ya el colmo es el robo de toda la leña para la chimenea que allí se almacenaba y, por supuesto, el lugar quedó todo revuelto, después de una descuidada búsqueda de todo aquello que poseyera valor.

El agricultor de Valdefuentes Alberto Fernández Fuertes ha sido víctima de los cacos por partida doble. Los delincuentes han limpiado su merendero en dos ocasiones «en menos de dos meses» —una de éstas coincide con la inspección del molino—. Una bomba de gasoil, la parrilla, platos y tenedores forman parte del botín, pero lo que realmente le causó perjuicio fue la sustracción de «unos 200 tubos para regar», con un valor que estima alrededor de los 3.000 euros. Señala que, a los cuatro días de sufrir el último robo, entraron en otro merendero en Azares, localidad vecina.

Por su parte, el ganadero Marcos Garmón sufrió su calvario entre octubre y Navidad. En otoño le robaron un ternero. «Me avisaron de que había tres rondando por allí, pero aún era de día y creo que entonces vinieron a mirar. Volvieron de madrugada y lo mataron. Vimos la huella de haberlo arrastrado por el suelo hasta la furgoneta o lo que trajeran». Después, en la misma explotación le robaron el gasoil del camión, herramientas y cable.

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