Nolete contra el mundo
Carta te escribo martín martínez
Querido hermano: Es rosa y clavel, ahí tienes este mes de mayo, florido y hermoso como nunca, prometedor primaveral. Desde el Paseo de la Muralla, bautizado como sabes Blanco de Cela, se divisa un paisaje inigualable. A lo lejos que es cercanía, penachos de escasa nieve en la cima del Teleno. Adivinando la Maragatería, que algunos se empeñan en hacerla más enigmática, hoy vemos verdes las laderas de Manjarín, de la Lomba, la Nevera y Teso Redondo; ahora salpicadas de un amarillo fuerte; me han dicho corresponde a sembrados de soja que coloniza los mejores trigales. Pena que este paisaje no traspasará mucho los límites de San Juan; tomarán tonos pajizos, nos volverán a la realidad de altozanos resecos con terrones ásperos dominio de las cogujadas, las «terroneras» y los «engañapastores», de ovejas churras, que ya no amajadan, respigando los campos recién segados.
Es así, hermano; el paso de las estaciones nos cambia la decoración y emplea sus paletas pictóricas para salvarnos de la monotonía que bien dijo aquel de secano: «tanto verde me agobia». Ese cambio, y las visitas de Nolete, que siempre llega con novedades o comentarios provechosos, te arrancan de la monotonía que, a veces, amenaza con ser cáncer.
Este mediodía —te escribo por la noche— llegó hecho un cristo; y un basilisco. Había dejado el coche frente al Santuario de Fátima y la cigüeña que se convirtió en okupa de su torre mocha sin esperar el desahucio, le hizo la gracia. Tiene un dilema: si pasar la factura del traje al Obispado como propietario de la torre, o a Medio Ambiente, en teoría, dueño de la zancuda; me da en la nariz que ambos tendrán coartada para escaquearse del pago y al final Rosario tendrá que acompañarlo al Corte Inglés, pues sastres ya no tenemos. Tiempos aquellos, hermano, en que conocimos una veintena de talleres, casi uno en cada calle, en algunas como García Prieto dos, donde confeccionaban ropa civil, militar y eclesiástica. Tiempos.
Como andaba Nolete de mal humor, tiraba a dar; me recordaba a don Alfonso Guerra en sus buenos tiempos dando caña. Estaba contra el mundo. No dejaba títere con cabeza; don Alfonso entonces y Nolete ese mediodía. Comenzó su particular pim-pam-pum con la Diputación: que si no ha librado la ayuda al bicentenario; que a San Miguel de Escalada, en sus 1100 años lo ha dejado «in albis»; que por las trazas, a verlas venir puede quedar la celebración del centenario del palacio de Gaudí; lo cual, al parecer, no ha ocurrido con los 950 años de San Isidoro. ¡Como estáis en León¡
Del Ayuntamiento astorgano, ni te cuento, da para varias cartas. La emprendió —creo que con toda la razón— con el exalcalde de Santovenia de la Valdoncina, por sus expresiones machistas contra la actual alcaldesa, Mireya Pigere; puso en la picota a algunas agrupaciones y corporaciones socialistas bien cercanas, tan cuidadosas de estos extremos y en este caso no han abierto la boca; y puso de chupa dómine a otros del PP por su silencio pastueño, incomprensible. Menos mal que en un momento dado dio un vuelco a su discurso, pasando a positivo. Alabó la rueda, símbolo de la industria, colocada en la rotonda de la Eragudina, aunque le hubiera gustado de más volumen; ensalzó la labor llevada a cabo por la Asociación de Amigos del Camino en el albergue municipal y la colocación de la campana que tanto añoraba yo. Tuvimos, como no, un sentimental recuerdo para Roberto Callejo y no le dejé hablar sobre ese abortado proyecto de la macrogranja vacuna en Valderrey que promovía LAR. Asunto este que da mucho de sí y que algún día te contaré porque Nolete lo tiene bien rumiado, que fue de los fundadores de la Cooperativa y el sobrino sigue en ella. Cuídate y hasta la próxima.