La Guardia Civil le llamó días antes del crimen para que dejara en paz a la joven
La letrada de la Acusación Particular, encargada de la defensa de los intereses de la familia de la víctima, desveló ayer en la sala que el sargento del puesto de la Guardia Civil de Boñar llamó unos días antes del crimen al acusado para recriminarle su actitud y para exigirle que dejara en paz a la víctima.
«María era una persona de 29 años con la vida entera por delante, que tuvo la mala suerte de tropezarse un día con el acusado y que le cambió todo. Cuando las cosas se pusieron mal, consultó con la Guardia Civil de Boñar qué podía hacer, pero decidió no presentar denuncia. Aún así, el sargento le llamó y le dijo que no quería ningún problema más».
Investigación sencilla
La investigación tuvo claro desde el primer momento que el sospechoso era el autor del crimen. La herramienta con la que se propinaron los golpes mortales llevaba el nombre del imputado por delante y su apellido por detrás. La discusión jurídica se basó en determinar si se trató de un homicidio o de un asesinato. Para las tres acusaciones, el delito merecía la pena más alta: la víctima no tuvo opción de defensa y además concurría la agravante de parentesco. La relación afectiva pasada, ya se considera como tal. Para el letrado de la Asociación Clara Campoamor, el ataque se realizó por sorpresa y saliendo de un escondite, sin que hubiera déficit alguno en su cerebro para conocer lo que estaba haciendo.
Discrepaba en principio la defensa, en su escrito de calificaciones provisionales, por entender que se había producido un momento de enajenación. Iba a suicidarse delante de ella porque no podía con el sufrimiento de haberla perdido pero luego «se obcecó y la mató en un arranque». La posibilidad de alcanzar un buen acuerdo para los intereses de su cliente llevó a la letrada a modificar sus conclusiones. De los siete años y medio que pedía, pasó a aceptar 18. Aún son siete menos de los 25 que podía haber sido la condena.