Los lagos de León no tienen controles de calidad de sus aguas

Sólo la Confederación Hidrográfica Miño-Sil evalúa el Carucedo en la época estival.

El lago de Isoba presenta turbiedad en sus aguas, según un estudio de la ULE.

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pilar infiesta | redacción
León

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La calidad de las aguas de los principales lagos leoneses es desconocida. A pesar de constituir ecosistemas únicos para la ciencia y emerger como lugares de recreo con encanto, ningún organismo examina la salud de estas explanadas dulces. La Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) reconoce que la normativa marco sólo obliga a vigilar la calidad de las «masas de agua», una definición que no incluye a los lagos y lagunas de montaña, excepto el de Sanabria (Zamora), de actualidad estos días tras las denuncias públicas por su posible degradación y el riesgo de convertirse en una charca verde.

Así, Isoba y Ausente, en Puebla de Lillo, Truchillas y La Baña, en Truchas; San Martín, en Valdetúejar y la Laguna Grande, en Babia, no entran en los circuitos de examen, donde sí figuran 660 puntos de ríos y embalses, según los datos de la CHD. Sólo el Lago Carucedo, en El Bierzo, se beneficia de controles acuíferos, aunque exclusivamente en la época estival. La Confederación Hidrográfica Miño-Sil efectúa muestras puntuales (dos el 2012 y cuatro este año, en julio y agosto) como seguimiento a la problemática que amenazó a esta balsa berciana por la aparición de una alta tasa de cianobacterias, unos organismos que tiñen de verde las aguas y que pueden ocasionar toxicidad, explican.

Los resultados han sido «tranquilizadores», indican, ya que los parámetros de los análisis de clorofila no arrojan presencia significativa de este tipo de algas. «No hemos detectado problemas en Carucedo, que en verano posee una zona de baño concurrida, lo que sí existen son unas fosas sépticas con una autorización provisional para verter al lago. Esa autorización está sujeta a un programa de reducción de la contaminación que termine por eliminar el vertido», afirman desde la Confederación. Por su parte, la CHD matiza que los lagos leoneses «no están considerados masas de agua en el término jurídico incluido en la normativa de Medio Ambiente, y por tanto, están fuera del Plan Hidrológico de la cuenca. No hay información sobre su calidad, pero si hubiera que hacer algún control porque se recomienda, se efectuaría. En caso de denuncias de vertidos, se pone en marcha un seguimiento del ecosistema y si procede, se sanciona». La Junta también reconoce que la calidad de las aguas de lagos y lagunas leoneses no se controlan periódicamente.

Investigación de la ULE

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Los únicos que se han interesado, de momento, por el estado de estas albercas naturales son los científicos. El biólogo Francisco García Criado, de la Universidad de León, tomó muestras del 2004 al 2008 de los lagos de montaña de la provincia en un intento de establecer unos estándares que sirvieran para valorar la calidad de sus aguas. Comprobó que algunos, como el Lago Ausente, son un ejemplo de buen ecosistema y gran calidad acuífera por la transparencia de sus aguas, la escasez de nutrientes y la falta de peces. En el lado opuesto se sitúa Isoba, «con un agua turbia y una degradación favorecida, probablemente, por la actividad ganadera», opina tras el control de sus comunidades de invertebrados y fitoplactos y las variaciones de nutrientes. También el Lago Grande de Babia, repoblado con carpas, está dañado y presenta turbiedad, según este experto. A su juicio, habría que encontrar evidencias sobre la presión que ejerce sobre estos espacios la introducción de peces y su uso como abrevadero de ganado.