Diario de León

PATRIMONIO

Ayuntamiento, asociaciones y expertos urgen declarar BIC los Pozos de Colinas

Leyendas de batallas, linajes y oro rodean a los agujeros, alineados en un kilómetro

La maleza cubre la boca de los pozos, que se hunden

La maleza cubre la boca de los pozos, que se hunden

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pilar infiesta | redacción
León

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El Ayuntamiento de Carrocera y las asociaciones Luna Verde de Otero de las Dueñas y Amigos del Patrimonio Cultural de León (Promonumenta) se han sumado al tercer intento del investigador David Gustavo López y del presidente del Instituto de Estudios Omañeses, Luis Arias, para que la Junta declare BIC los enigmáticos Pozos de Colina, que describen una curiosa línea de 1 kilómetro en la altiplanicie de La Hoja.

Estos agujeros de hasta 25 metros de anchura y tres de profundidad, que languidecen bajo la maleza, han generado ríos de tinta sobre su posible origen bien como túmulos megalíticos, refugio contra los musulmanes en la batalla de Camposagrado, cilleros de grano del ejército romano, conducciones hidráulicas o fucaronas vinculadas a la explotación aurífera.

La Carta Arqueológica de la provincia documenta estas perforaciones, aunque el servicio territorial de Cultura no ha adoptado hasta la fecha medidas de protección. Es más, dejó la salvaguarda de los pozos en manos de Carrocera, que se ha convertido en la primera entidad que vela por estos vestigios, al delimitar una franja de 50 metros a cada lado de los agujeros en sus normas urbanísticas.

El principal temor de los propulsores de la declaración BIC es que continúen las labores de reforestación que han roturado el terreno y han plantado pinos hasta el pie de algunos hoyos, «unos plantones que se hallan tan próximos que, en pocos años, pueden ocultarlos y desvirtuarlos completamente», indican. Otra de sus peticiones es que se efectúe una investigación que pueda arrojar luz sobre la naturaleza de estas perforaciones, situadas en una terraza de origen miocénico que separa los cursos de los ríos Luna y Bernesga desde la que se avista el primer escalón de la Cordillera Cantábrica, «que se muestra como una alargada muralla donde más de 20 picos se suceden entre Peña Miezca, Olleros de Alba, Peña Ubiña y Peña Portilla, al medio».

De ahí que entre las hipótesis más creíbles destaque la relacionada con enterramientos megalíticos ligados a un campo de culto solar o lunar, mientras pierde fuerza la del hábil escondite de las huestes de Pelayo ordenadas por el capitán Colinas, al descubrirse que esa leyenda fue favorecida en la Edad Media por familias que querían dar relevancia a su linaje y que incluyeron los pozos en su escudo. David Gustavo López defiende que el conjunto se corresponde con un laboreo minero del ruina montium que empleaban los romanos y que abandonaron antes de que cumpliese su finalidad. Algo que se podría comprobar perforando uno de los pozos, sugiere.

La cita documental más antigua sobre ellos se halla en el Libro de la Montería, escrito por el rey Alfonso XI hacia el año 1340.

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