astorga
El obispo ordena al primer diácono de la Diócesis tras seis años sin esta celebración
. . Andrés Belzuz Rodríguez, de 25 años, cambió sus planes universatarios por la formación en el Seminario.

Andrés Belzuz Rodriguez (izquierda), ordenado diácono en la Catedral de Astorga.
Entre fieles, curiosos, amigos y familiares, Andrés Belzuz Rodríguez se ordenó ayer diácono en la Catedral de Astorga, siendo la primera ordenación después de seis años sin esta ceremonia. Este ponferradino sintió la llamada hace ya algún tiempo, durante la novena de la Fiesta de la Virgen de La Encina de la capital berciana. «Dos semanas antes de empezar la Universidad acudí a esta celebración, allí el sacerdote predicó sobre la felicidad», explicó Belzuz, que ante esta cuestión del cura encontró la respuesta que desde hacía tiempo se venía preguntando. «La carrera que he elegido, el futuro que me he planteado, ¿es lo que realmente quiero?». Cuando el sacerdote explicó que los jóvenes que acudían a la novena iban porque Dios les hacía felices «lo sentí como una certeza, nunca antes lo había vivido así».
En ese momento, la vida de este joven que ahora tiene 25 años dio un giro, cambió sus planes en la Universidad por el Seminario Mayor de Madrid y ayer cumplió el primero de sus sueños, llegar al diaconado. Ahora, este chico mediante la ordenación se incorpora el estado clerical y quedará incardinado en la Diócesis de Astorga.
El obispo, Camilo Lorenzo, presidió la ceremonia que vivió su momento culminante con la imposición de manos sobre Andrés, acto que materializa la ordenación. El joven, tras levantarse del suelo donde permaneció tumbado según marca el rito, se comprometió a la obediencia y el celibato y dio su sí a la oración y a imitar a Cristo.
Lorenzo alabó la entrega de Andrés Belzuz, a quien se dirigió llamándole amigo. «Lo que hoy haces es un acto de gran generosidad, una entrega total y permanente», anunció el prelado, que agradeció la labor formadora de los profesores del Seminario madrileño y de la Universidad de San Dámaso y animó a todos los seminaristas mayores para lograr una gran formación espiritual e intelectual y «en todas las circunstacias ser anunciadores del Evangelio».
Este ponferradino ya ha terminado sus estudios eclesiásticos y en la actualidad se encuentra cursando la Licenciatura en Derecho Canónico. Además, desarrolla su etapa pastoral en la iglesia de Santa María de La Bañeza para la que sólo tiene palabras de agradecimiento. «Me siento muy féliz porque los sacerdotes de la parroquia bañezana me dejan participar en primera línea, colaboro en las decisiones y los fieles me han acogido como si llevara toda la vida», adelantó el joven berciano, que aseguró que «lo más importante es que hay todo un campo para trabajar y no me puedo quedar de brazos cruzados».
Andrés ayer se mostraba encantado y feliz. Él lo tiene claro, «mi principal objetivo es ser santo». Ahora, de esta nueva etapa espera ser servicial y fiel a Dios. «No quiero servirme a mi mismo», explicó al finalizar la ceremonia y recogiendo el consejo del obispo.